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“¿De qué servirá que remováis la tierra con máquinas perfeccionadas, y la saturéis de sales y la pongáis en manos de un sabio? Con harina sola, máquinas y ciencia, ¿hará el sabio pan si carece de agua?”Joaquín Costa Martínez (1846-1911).

Uno de los temas de mayor interés dentro de la historia rural es, sin duda, todo lo relacionado con el regadío. En primer lugar es uno de los grandes debates historiográficos, pues las opiniones sobre su origen son muy dispares. Romanistas y arabistas se enzarzan en discusiones interminables y estériles. En España, antes de la llegada de los romanos y, por tanto, de los musulmanes, ya hay sistemas evolucionados de riego. Ambos supieron aprovechar y mejorar los sistemas de riego que encontraron con la aplicación de nuevas técnicas hidráulicas.

La opinión más tradicional sobre el origen de los regadíos en el reino de Valencia, sostiene que el sistema de riegos valencianos es de origen musulmán. Tesis defendida en las Cortes de Cádiz por el diputado valenciano Borrull i Vilanova.

La aparición del regadío en el Levante hispano pudo estar relacionada con una acentuación relativa de la sequía en el Mediterráneo, poco antes de la mitad del segundo milenio a.C., coincidiendo con una serie de perturbaciones en el Mediterráneo oriental que paralizaron el comercio, de forma que la depresión económica resultante obligó a las culturas autóctonas a modificar sus sistemas de vida. En los yacimientos alicantinos de la Illeta dels Banyets y l´Alcudia, destruidos ambos hacia el 330-340 a.C. aparecieron unos legones, instrumentos agrícolas que hoy se utilizan para el regadío a muy pequeña escala, estos legones, establecen la presencia del regadío en nuestro reino hacia los siglos VIII-VI a.C.

El contacto con la civilizaciones del Oriente mediterráneo supuso el primer gran paso hacia la difusión y el perfeccionamiento de los sistemas de riego íberos. Los “sirios” (fenicios y griegos), trajeron con ellos, unas técnicas de riego conocidas en el Creciente Fértil desde el quinto milenio a.C., como los qanat y las norias (mecanismos de conducción o de elevación del agua) y los azud (barrera hecha en los ríos con el fin de facilitar el desvío de parte del caudal para riego y otros usos).

Esquema de un qanat (Fuente). Noria romana (Fuente). Esquema de un Azud (Fuente)

esquema-azud

Los cartagineses introdujeron algunos cultivos intensivos, como los frutales, que ya se cultivaban en la propia Cartago y en el periodo inmediatamente anterior a la conquista romana debieron existir algunos cultivos industriales destinados al abastecimiento de las metrópolis y a la exportación. Un claro ejemplo es el famoso lino de Játiva (Saetabis), que alcanzó gran prestigio en todo el mediterráneo, aludido por autores romanos  como Plinio, Catulo (Poemas XII 14-17): “Pues pañuelos de Saetabis me enviaron de Iberia / como regalo Fabulo y Venario / que los ame es necesario / como yo a Veranolio y Fabulo amo”, Polibio o Gracio Falisco. El vino de la comarca de Lauro (Líria) “son muy finos” según Plinio (NH XIV 71) y Marco Cornelio Frontón (115 1-4) cita el vino de Sagunto que se exportaba a Italia. Incluso a partir de estudios toponímicos y edafológicos (ciencia que trata de la naturaleza y condiciones del suelo, en su relación con las plantas) se ha podido demostrar la prerromanidad de sistemas de regadíos como el de Elche.

Justino, en su breve descripción geográfica de Hispania, señala cómo se emplean las corrientes tranquilas de agua —no los torrentes que pueden ser perniciosos— para el riego de campos y viñas: in hac [sc. Hispania] cursus amnium non torrentes rapidique, ut noceant, sed lenes et vineis campisque inrigui (XIV 1, 7); observación ésta última de la que también se hacen eco Columela (de re rust. V 5, 12) y Plinio (NH XVII 170 y 249). En el siglo I d.C. Silio Itálico alude al rio que pasa por Játiva como “Sucro rigantes undes” –El Júcar de olas regantes- (se refiere al rio Albaida, afluente del Júcar) en clara alusión a la importancia del sistema de regadío de la zona.

Lo romanos encontraron en tierras de los Ilercaones y Edetanos (Castellón), Edetanos (Valencia) y Contestanos (Alicante) cultivos de legumbres: guisantes, habas, lentejas, garbanzos etc; árboles frutales: higuera, almendro, granado, manzanos, algarrobos, perales, ciruelos, membrillos, etc, e injertos de ciruelo en manzano que da lugar a la malina y de ciruelo en almendro resultando la amigdalina. También olivos, vides, trigo y la famosa cebada tremesina, y la grablum considerada la de mayor calidad en la época, y los campos de esparto 〈había sido traído de África a Hispania por los púnicos (Plin., NH, XIX, 26)〉, al sur de Santa Pola (Alicante).

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LLoris, F. B., & Willi, A. (2012). El regadío en la Hispania romana. Estado de la cuestión. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 33.

No debemos imaginar un complejo sistema de regantes como el actual, se trataba de regadíos a muy pequeña escala, ligados a los ríos. Las obras hidráulicas romanas se acometieron sobre un sistema mínimo, pero en todo caso preexistente.

Antes de iniciar nuestra breve cronología del regadío romano en el reino de Valencia, es necesario hacer una referencia a las condiciones climáticas de Hispania, entre el 300 a.C. y el 400 d.C. Este periodo es conocido como el “óptimo climático romano”, aportando un clima mediterráneo a la mayor parte de la Europa occidental, con veranos cálidos y secos e inviernos húmedos, idóneo para el sistema agrícola romano. La extensión y la duración de la Pax Romana fueron grandemente facilitadas por unas condiciones climáticas que favorecieron la organización económica, social y política romana. Cuando a partir del siglo III-IV d.C., el clima, poco a poco se transformó en  continental, más seco y frio; inicio de un “episodio frio” que duró hasta finales del siglo XI, coincidió con el desmoronamiento del Imperio Romano y las IIª Invasiones Bárbaras.

Durante la época republicana en Hispania (218 a.C., fecha del desembarco romano en Ampurias – 27 a.C.) probablemente no se realizasen grandes transformaciones en los sistemas de riego anteriores, debido al clima de inestabilidad política y social casi constante; para acometer obras públicas de envergadura es necesario un poder fuerte que garantice la paz, como lo atestiguan los restos de canales, acueductos y embalses construidos en época Imperial, aunque algunos autores opinan que el sistema de riego perfeccionado de la región del Mijares (Castellón) es de origen republicano.

La documentación escrita es más bien escasa. El testimonio jurídico más antiguo  de la existencia de acequias, sin duda de regadío, en Hispania muy probablemente se lee en el Bronce de Contrebia o Tabula Contrebiensis, 87 a.C. (época republicana),  recoge un pleito entre Alavonenses (de Alaun, Alagón-Zaragoza) y Saluienses (de Salduie, Zaragoza), para construir una canalización o hacer una traída de agua.

La “Lex Ursionensis”, colonia de “Urso” (Osuna-Sevilla). Esta ley fue promulgada por Marco Antonio en el año 44 a.C., y es muy posible que derive de un conjunto de proyectos legislativos llevados a cabo por César para unificar el régimen de las colonias y los municipios y de las leyendas epigráficas que hacen referencia a la legislación romana sobre el uso del agua. La Ley de Urso nos ofrece información sobre los usos y costumbres, todavía vigentes en algunos regadíos tradicionales de los Valles del Segura, Júcar y Turia. La misma ley hace distinción entre rio (fluvius), torrente (rivus), pozos (putons), fuentes (fontes), lagos (lacus), estanques (staqna), lagunas (paludes), y de carácter temporal (aqua paludensis), la manera de acceder al agua (itus), canalizarla y hacer derivaciones (iter aquaqrum), también sobre el aprovechamiento de agua sobrante (aqua caduca).

Por último la  “lex rivi Hiberiensis” o Bronce de Agón (Zaragoza), siglo II d.C. (Adriano) que contiene los estatutos jurídicos de una comunidad de regantes asentada en la margen derecha del río Ebro. La ”lex” trata de la organización, los derechos y obligaciones de sus miembros, la imposición de sanciones así como de los procedimientos fijados para conseguir su ejecución, además de recoger los mecanismos previstos para evitar la imposición de penas injustas.

En el Digesta sive Pandecta iuris (contiene miles de extractos de las opiniones de los jurisconsultos romanos: los iuras, del siglo I a.C. al siglo IV d.C.,  – Cuerpo de Derecho del Ciudadano Romano –), más conocido como Digesto, recopilación de normas legales desde el emperador Augusto hasta Vero, se indica “…que el agua de un río público se debía dividir para regar los campos en proporción a las posesiones que allí hubiere…”, también recoge una serie de normativas sobre el derecho a llevar agua a los “fundos” (explotaciones agrícolas), la servidumbre de paso. Regulaba las conducción de agua por superficie “aquae ductus”, la extracción de agua “aquae haustus” que lleva aparejado el acceso al pozo o manantial “iter ad hauriendum”, poder abastecer de agua al “fundo” vecinoaquae immissio”, los horarios que regulaban las aportaciones de agua “tandas”, y las horas de apertura y cierre de las conducciones de agua que debían ser escrupulosamente observadas. Estas funciones de vigilancia y ordenamiento del riego son similares a las ejercidas en la actualidad por las “Juntas de Hacendados” (Murcia), “Heredamientos de Acequias” (Murcia y Valencia), y el “Tribunal de la Aguas” (Valencia).

Los sistemas de regadío de origen romano documentados con restos arqueológicos se concentran, hasta el momento, en Valencia, Murcia, Andalucía y el Valle del Ebro, fundamentalmente entre ellos, cabe destacar en el Reino de Valencia: el de Mijares (Millars), el Bajo Palancia, el Bajo Turia y en el Bajo y Medio Vinalopó:

El rio Mijares (Millars), Castellón:

Millars

Morales Gil, A. (1992). Orígenes de los regadíos españoles: estado actual de una vieja polémica. Gil Olcina, A. y Morales Gil, A.(coords.): Hitos históricos de los regadíos españoles. Ed. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 27

Junto al Millars, que atraviesa la llanura de Castellón de la Plana, al sur del río, a la altura de las poblaciones de Onda y Villarreal, puede reconocerse un sistema de canales. Se han podido documentar tres acequias relativamente importantes y una presa. Parece ser que la acequia llamada “Les Argamasses“, que estuvo en servicio íntegramente hasta el siglo XIX y cuyo trazado aún hoy sigue en gran parte la Acequia Major, fue la acequia madre desde la que se regaba toda la huerta de la orilla derecha del Millars; las otras dos acequias, denominadas “Acequias del Diable I y II”, parecen derivar de la Les Argamasses. En cuanto a la presa, situada en el “Riu Sec“, presenta una canalización que debía conducir el agua hasta la actual población de la Alquería del Niño Perdido (Castellón).

El Bajo Palancia, Valencia:

Palancia

Morales Gil, A. (1992). Orígenes de los regadíos españoles: estado actual de una vieja polémica. Gil Olcina, A. y Morales Gil, A.(coords.): Hitos históricos de los regadíos españoles. Ed. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 28.

El sistema de Sagunto estaba alimentado por un conjunto de acequias que tomaban el agua del lugar de Sot de Ferrer. En la parte baja dos acequias principales, una a cada lado del rio Palancia, configuran una red divergente que aportaban agua hasta llegar a los marjales del litoral. Sifones, azudes y toponimia atestiguan el origen romano del conjunto.

El Bajo Turia, Valencia:

Bajo Turia

Morales Gil, A. (1992). Orígenes de los regadíos españoles: estado actual de una vieja polémica. Gil Olcina, A. y Morales Gil, A.(coords.): Hitos históricos de los regadíos españoles. Ed. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 29.

Este sistema tomaba las aguas del Turia en la “Pea“, entre Villamarchant y Pedralva, pasaba por el término de Ribarroja, donde se dividía en tres acequias, una por la margen izquierda y dos por la derecha que regaban respectivamente el Llano de Quart (Quart de Poblet) y la Partida de Perpinyanet (Vinalesa), para reunificarse después. Transcurre por los barrancos de Muncholina (Villamarchant), Porchinos (L´Eliana), Pedrara (cerca de Masías de Traver- L´Eliana) Pou, para continuar hacia Manises y Valencia. Abundantes vestigios de restos romanos y toponimia pre-islámica viene a confirmar su origen romano, además de la existencia de los restos de un catastro de esa época –centuratio-.

De la  época romana (siglo II d.C) se han encontrado en la Huerta de Valencia rastro de dos posibles “centuriatones” en ambas márgenes del Turia, siendo el eje principal de este sistema de organización espacial la vía Heraclea, luego denominada Augusta.  La “centuriato” es la división de un terreno inculto en parcelas más o menos cuadradas para ser entregadas a colonos que las pongan en producción. Restos de una “centuriato” en el tramo final de la acequia de Moncada, esta zona que era pantano, se desecó a partir de la fundación de Valencia y la entrega de sus campos a los excombatientes de las campañas de Viriato, y tanto la construcción de la acequia de Moncada, como la “centuriato” (situada al norte de Valencia-margen izquierda del Turia), proceden de ese momento.

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(B.P: Antes del presente). González, P. C. (1990). La Formació de la plana al·luvial de València: geomorfologa, hidrologia i geoarqueologia de l’espai litoral del Túria. Departament de Geografia. Universitat de València. 41.                         En el dibujo adjunto se puede observar la línea de costa hace 2.300 años. La paulatina desecación de lagunas y marjales dando como resultado la configuración de la actual costa.

Valencia también contó, con un servicio de agua que llegaba a través de un acueducto, cuyos restos se han localizado a lo largo de las calles de Castán Tobeñas, Quart, Cavallers,  el entorno de la Catedral y Avellanes, disponía de un sencillo alcantarillado. El arco cronológico del acueducto está situado entre la época flavia (69-96 d.C.) y el siglo III, aunque es probable que continuara en uso hasta finales del siglo VI. Fue rehabilitado en época islámica y funcionó entre el siglo IX y el XI. El acueducto urbano en cualquier caso parece haber captado aguas del Turia en la margen derecha por medio de un azud, quizá cerca de Vilamarchant (de ser así tendría un recorrido de unos 16 km), aunque no es seguro.

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Sánchez López, E., & Martínez Jiménez, J. (2016). Los acueductos en Hispania: construcción y abandono. 168.

Centuriación de Ilici/Elche y las “Villae“, Alicante:

El Llano de Elche (Bajo Vinalopó), limitado por el Cabo de Sta. Pola y la Sierra de Borbuño al Este, la Sierra de Crevillente y el llano aluvial del río Segura al Norte y Oeste respectivamente, y las albuferas y el Mar Mediterráneo al Sudeste, donde se repartieron “130 yugadas de tierra desecadas y las travesías… (Bronce de la Alcudia)” a legionarios veteranos de la Guerras Cántabras (19 a.C.) y la centuriacíon del Medio Vinalopó (finales siglo I a.C.) en las tierras aluviales situadas en el entorno de los rios Vinalopó, Tarafa y rambla de Orito.

A día de hoy conocemos mediante técnicas cartográficas y restos arqueológicos que los dos brazos de la Acequia Mayor de Elche, tienen un trazado en tramas de zigzag o escalera formando ángulos rectos, lo que tendría su origen en la parcelación romana. Una vez saturada la “pertica” (extensión) de la colonia romana de Ilici, debido a su gran expansión económica, se hizo necesaria la incorporación al “ager publicus” (tierras rústicas comunales) de los terrenos más cercanos y a la vez más ricos de todo el entorno, estos se encontraban en el Medio Vinalopó donde se llevó a cabo una nueva centuriación casi tan grande como la ilicitana y que incluyó asimismo la dotación de construcciones hidráulicas (acequias y balsas).

Una característica de los sistemas de regadío al sur del reino de Valencia es la aparición de “villae” (casas de labranza romanas. En algunos territorios y zonas del imperio donde los núcleos de población no eran muy numerosos la forma de agrupación social eran las villae –que posteriormente darían nombre a lo que actualmente conocemos como villas, pueblos, pequeñas localidades), siempre aparecen relacionadas con algún tipo de obra hidráulica, por ejemplo la de Farsiura, al sur de L´Alcudia, en Elche, con un gran depósito de agua cerca, o la situada en Elda, en el lugar llamado “Las Agualejas”en la orilla izquierda del Vinalopó, que presenta una acequia subterránea de bóveda de ladrillo. Son también abundantes los restos de cisternas, aljibes y depósitos, como el encontrado extramuros de La Albufera, cerca de Alicante y en el Medio Vinalopó la “Mansio Aspis“, actual Aspe.

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Respecto a las fuentes epigráficas solo reseñaremos la inscripción del siglo II d.C. encontrada en Denia, grabada sobre un bloque de piedra caliza y conservada en el Museo de Bellas Artes de Valencia: “A (…), quien canalizadas las aguas de lluvia con muchísimo gasto y por lugares difíciles, socorrió después a sus habitantes con el trigo proporcionado en un año de malas cosechas. Por decreto de los decuriones dianenses”. (Morales Gil, A. (1992). Orígenes de los regadíos españoles: estado actual de una vieja polémica. Gil Olcina, A. y Morales Gil, A.(coords.): Hitos históricos de los regadíos españoles. Ed. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 22).

Una mención especial merece el Acueducto de Peña Cortada, datado a finales del siglo I y principios del II de nuestra era, se desconoce la fecha exacta. La captación del acueducto tiene su origen en un lugar conocido como “El Nacimiento”, en el término municipal de Tuéjar, a una altitud de 580 metros sobre el nivel del mar. El resto mejor conservado corresponde al puente acueducto del barranco llamado de la Cueva del Gato.

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Cavanilles, A. J. (1797). Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia (Vol. 2). Imprenta real. 64

El acueducto tiene en total una longitud aproximadamente de 11 Km pero al final desparecen sus rastros por completo. No sabemos exactamente adonde llevaba el agua, aunque por sus características, de tipo “industrial”, lo más probable es que llevase agua para el riego de los campos de Villar, Casinos y Liria. Se ha especulado también con la posibilidad de que llevase agua a Sagunto, o la localidad de Chelva, pero ello no es probable. Para abastecer Chelva, no era necesaria una obra de esta envergadura, y los romanos siempre tendieron a evitar las obras innecesarias en la medida de lo posible. Por otra parte, Sagunto queda demasiado lejos, teniendo además la posibilidad de tomar agua de puntos más cercanos.

A modo de conclusión:

Aunque no podemos atribuir a los romanos la introducción de los sistemas de regadío en el reino de Valencia; originarios del periodo íbero-púnico, si podemos decir que fueron ellos los grandes impulsores y renovadores de dichos sistemas, no sólo en cuanto a las grandes redes de distribución, sino también en el riego a pequeña y mediana escala.

“Todo el sistema de regadío árabe es la continuación del romano, heredado posiblemente del cartaginés, que a su vez lo perfeccionaron con las técnicas tomadas del Egipto Ptolemaico”. (Blázquez, J. M. (1977). La administración del agua en la Hispania romana, 161.)

 

Javier Martínez Santamaría

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