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Todo el litoral del reino de Valencia fue frecuentado desde el primer milenio antes de nuestra Era por los navegantes griegos. El objetivo primario del comercio era los metales que se cambiaban por productos cerámicos y objetos ornamentales. Los cartagineses pretendieron hacerse con el control de este comercio en el siglo III a.C. mediante la fundación de Cartílago Nora -Cartagena-, que se convirtió en el mayor centro exportador de la plata procedente de la comarca de Linares y también en un gran puerto militar. Estrabón -III.4.8-, en el libro III de su Geografía, informa que la costa ibérica desde Cartagena hasta el Norte, es pobre en puertos, Sin embargo, algunos están bien localizados,  aunque no están excavados.

Sección del Itinerario de Antonino Pio, 197-217 d.C. Fuente

Valentia se instaló en un promontorio elevado, junto al río Turia, en medio del tramo final de una llanura aluvial. Aunque la zona ocupada por esta urbe antigua se halla a unos 4 km. del mar, en el momento de la fundación estaría a solo unos 2 km: concretamente a unos 3.000 pasos (Plinio, Naturalis Historia III, 20). Hace 2200 años la topografía de esta área litoral sería muy diferente.

El lago de la Albufera sería mucho más grande que en la actualidad, de modo y manera que llegaría a tocar los límites de la primera ciudad, e incluso la rodearía, formando un todo continuo con los marjales que aún subsisten al norte de Valencia, y que llegarían a enlazar con los de la zona de Sagunt y Almenara, 30 km. más al norte. Este espacio lagunar, en su conjunto, abarcaría el extenso tramo de costa baja actualmente ocupado por la provincia de Valencia y la parte meridional de la de Castellón.

El paisaje que rodearía a la ciudad romana estaría dominado por toda una serie de accidentes acuáticos, desde el cauce de un río a varios canales, marjales y un lago muy cercano y más grande. Esta ubicación presentaría algunos inconvenientes, pero también ofrecería no pocas ventajas, como serían la mejora de su capacidad defensiva y, especialmente, facilitar las comunicaciones por vía marítima. Entornos naturales semejantes los encontramos en otras fundaciones romanas del s. II a.C., como Aquileia, en el norte de Italia, o Narbo Martius, al sur de las Galias.

Un elemento básico para la creación de este paisaje fue el río Turia, que con sus aportes hídricos alimentaba las lagunas y barrancos, y con sus aportes sedimentarios iría modificando continuamente la fisonomía del territorio. Una aceleración en el ritmo de estos procesos deposicionales  a partir del momento de la fundación de Valentia, y del subsiguiente aumento de la explotación de los recursos agrícolas y forestales con la introducción del sistema económico romano. Recientes y profundos sondeos bajo los puentes medievales de la Trinitat y Serrans han constatado que la profundidad del lecho fluvial en época romana sería mucho mayor que la que se podría imaginar, al haberse llegado a 3m. de hondo sin que se hubiera alcanzado los niveles islámicos.

En la época romana, la topografía del lugar donde se instaló la ciudad de este momento se puede resumir diciendo que era una terraza aluvial, que formaba una zona elevada sobre su entorno inmediato. Este pequeño montículo era de forma alargada, de unos 400 por 300 m., abarcando entre 10 y 12 hectáreas, con su eje largo de norte a sur. En un principio pudo ser una isla, aunque cabe la opción que fuera una península. De hecho, la orografía actual de la zona ocupada por la antigua ciudad y sus alrededores, aun permite descubrir algunos de los trazos topográficos originales, lo que, unido a los datos arqueológicos, permite reconstruir los rasgos físicos fundamentales de la época romana.

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Valentia republicana e imperial con los canales que la rodeaban. Lacomba, A. R. I. La fundación de Valentia: historia, arqueología, ritos, basureros y cabañas. In Cira p. 63.

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Nave oneraria llega a puerto. Necrópolis de “Portus”, desembocadura del Tiber, antiguo puerto de Roma. Fuente

En el periodo romano, el cauce del Turia estaría a mayor profundidad y, como el río aún no estaba sangrado por la red de azudes, canales, acequias y molinos, que se fue creando posteriormente, ni retenido por embalses, debió ser bastante más caudaloso y permitir, sin excesivos problemas, la comunicación directa con el mar, situado por entonces a solo 2 km. Aunque hay que tener en cuenta que su calado debió ser poco profundo, por lo que el tráfico fluvial lo realizarían pequeñas embarcaciones, que contactarían, ya en el mar, con las grandes naves onerarias (hace referencia a un tipo de barco de transporte, no sólo comercial sino también militar de la Antigua Roma).

Se han hallado dos zonas donde tendrían lugar estas tareas de intercambio de mercancías entre los grandes barcos marítimos y las pequeñas embarcaciones fluviales. Una se encuentra a casi 6 km. al norte de la desembocadura tradicional del Turia, frente al barrio de la Malvarrosa, emplazamiento que ya fue usado en un momento tan antiguo como los inicios del s. V a.C., y solo vuelto a frecuentar a partir de mediados del s. II a.C., coincidiendo con la fundación de la ciudad. El otro desembarcadero se sitúa a unos 5 km. Al sur del río, frente a El Saler, donde se documenta con claridad el inicio de su actividad a partir del momento mismo del nacimiento de Valentia a mediados del s. II a.C.

Las evidencias y referencias de la existencia de un puerto o muelle marítimo en la antigüedad son nulas. El lugar ocupado por el barrio portuario actual, sólo fue tal a partir del siglo XIII, cuando se constata fehacientemente la creación de El Grau, que durante muchos siglos fue un embarcadero con muelles de madera. Para la etapa islámica hay alguna información sobre la existencia de alguna clase de lugar de amarre en el litoral, o simplemente de una zona en la que los barcos se ponían en seco sobre la arena.

Para este periodo inicial, sin embargo, no se conocen estructuras constructivas que se puedan relacionar con una instalación portuaria clara. En la zona norte, junto al río, en la excavación de la calle Conde de Trenor 13-14 y 11, donde en 1997 y 1999, respectivamente, se localizó un pequeño puerto fluvial de la etapa imperial, son muy pocos los restos que quedaron de la etapa anterior, arrasados en gran parte por las construcciones de la época imperial.

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Pero sin ninguna duda, el hallazgo más importante de carácter portuario lo han proporcionado las sencillas y evidentes construcciones de las excavaciones de la calle Conde de Trenor 13-14, junto al viejo cauce del Turia, por detrás de las Torres de Serrans. Su estado de conservación no fue muy bueno, al estar muy afectados por los cimientos de edificios de la época  medieval y moderna. Sin embargo, se detectaron los rasgos esenciales de una pequeña instalación portuaria junto a uno de los canales del Turia, el que ceñía a la ciudad por su parte norte.

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Ribera, A. (2007). Valencia romana, puerto fluvial y marítimo. Instalaciones portuarias y vocación comercial. Historia del puerto de Valencia. p 37.

Otros puertos  de la Costa Levantina Ibérica:

Puerto de Sagunto:

El puerto de Sagunto era más conocido por las referencias de los textos antiguos que por sus restos arqueológicos; sin embargo, los últimos hallazgos arqueológicos en el Grau Vell han permitido delimitar con mayor precisión su extensión, que ha sido estimada en más de cien hectáreas.

En el siglo VII a.C. debía contar con un buen puerto, como se desprende de una carta de esa fecha hallada en Ampurias, que menciona la ciudad. De esta carta se deduce que los griegos tenían agentes comerciales en la ciudad, que era un importante centro de comercio marítimo.

Portus Sucrone.  Cullera. Valencia. (Sucro=río Júcar)

Este puerto esta mencionado en el Ravennate (Anónimo de Rávena o Ravennate 304,7 es una lista de lugares y ciudades en el siglo VII d.C.), en la Tarda Antigüedad, al Sur de Valencia, en el tramo de la calzada litoral que se separaba de la Vía Augusta en dirección a la costa y a Hemeroscopion (Denia), pero no se tienen más datos de él.

Anónimo de Ravena o Ravennate.  Llobregat Conesa, E. A. (1983). Relectura del Ravennate: dos calzadas, una mansión inexistente y otros datos de la geografía antigua del País Valenciano. Lucentum, II (1983); p 228.

Portus Ilicitanus. Santa Pola,  Alicante.

En el Portus Ilicitanus se encontraba una fábrica de salazón, cuya conserva se exportaría a través del puerto y era el centro de dos importantes rutas marítimas, Una partía de la Bética y bordeando la costa mediterránea, llegaba al Portus para dirigirse a Ostia, puerto de Roma, a través del Estrecho de Bonifacio. Los barcos que hacían esta ruta llevaban a Roma productos béticos y volvían cargados de productos itálicos, La segunda ruta costeaba el litoral levantino, abasteciendo de productos béticos, principalmente de aceite cosechado entre Hispalis y Córdoba, el levante ibérico, la costa catalana y el Sur de la Galia. Los navíos de ida transportaban aceite bético y volvían cargados de cerámica sudgálica y del vino de la Tarraconense. El Portus Ilicitanus era la parada obligatoria de encuentro entre las dos vías comerciales, como lo indica la abundancia de ánforas para el transporte de aceite y salazones procedentes de la Bética y del vino de la Tarraconense. La ciudad sufrió una importante remodelación en el siglo III. El Portus Ilicitanus se mantuvo activo durante nueve siglos, del siglo V a.C. al siglo IV, con períodos de mayor o menor auge.

El puerto de Hemeroscopion. Denia, Alicante.

Hemeroscopion es, muy posiblemente, Denia. La mencionan el poeta de finales del siglo IV Avieno y Estaban de Bizancio. El nombre griego significa «atalaya divina», significado que encaja muy bien en el actual Montgó, donde existía un santuario dedicado a la Artemis efesia, cuyo culto introdujeron los colonos focenses en Occidente.

El geógrafo griego Estrabón, en el libro III de su Geografía identifica a Hemeroscopion con Dianium. Según este autor, “Sertorio estableció allí su base marítima. Es un lugar bien defendido y apto para nido de piratas. De lejos era visible para los que se acercaban navegando. En sus cercanías había buenas minas de hierro”. En el Montgó se han descubierto murallas datadas entre los siglos II y I a.C., que encajan bien en el citado párrafo de Estrabón de ser Hemeroscopion un lugar bien defendido. Por el puerto se exportaría el hierro de los alrededores. En este puerto debió Sertorio recibir la embajada que Mitrídates, rey del Ponto, le envió. Desde este puerto partieron para visitar a Mitrídates el general Marco Mario y sus consejeros, los dos Lucios, Magio y Faunio.

 

Javier Martínez Santamaría

Associació Cultural Templers de Burjassot©

 

Bibliografía:

Blázquez Martínez, J. M. (2007). Puertos de la España Romana. Lugares de encuentro: puertos estaciones y aeropuertos, Madrid, pp 39-49.

Lacomba, A. R. I. La fundación de Valentia: historia, arqueología, ritos, basureros y cabañas. In Cira pp. 61-85.

Llobregat Conesa, E. A. (1983). Relectura del Ravennate: dos calzadas, una mansión inexistente y otros datos de la geografía antigua del País Valenciano. Lucentum, II (1983); pp. 225-242.

Ribera, A. (2007). Valencia romana, puerto fluvial y marítimo. Instalaciones portuarias y vocación comercial. Historia del puerto de Valencia, 35-43.

 

 

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