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«El tiempo, gran juez, dirá si este esfuerzo mío es de alguna manera útil a todos aquellos para quienes la realidad del hombre sigue siendo tierra de promisión». 

(Pedro Laín Entralgo, Teoría y realidad del otro, I, Prólogo a la 1.ª edición, 1961).

“Intelectual, religiosa y profesionalmente fueron decisivos para mí esos seis años en Burjasot”. Pedro Laín Entralgo se refería con esta afirmación a los años 40 del pasado siglo en su Descargo de conciencia. El que fue director de la Real Academia de la Lengua, rector de la Universidad Complutense hasta su dimisión en 1956, y premio Príncipe de Asturias en 1989, residió esos años “decisivos” en el entonces colegio Beato Juan de Ribera, un edificio histórico al que en Burjassot llaman el castell. Laín forma parte de una amplia nómina de influyentes exalumnos, como Rafael Calvo Serer y el ministro José Luis Villar Palasí (Ministro de Educación 1968-1973, Impulsó la Ley General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa que supuso un importante esfuerzo de modernización del sistema educativo, entre cuyos principales hitos destacan la enseñanza primaria obligatoria hasta los 14 años con la Educación General Básica (EGB) y creó la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). La reforma educativa, además de establecer la EGB, creó el Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) y la Formación Profesional (FP). Entre otras prerrogativas, la nueva norma establecía que en las regiones en las que además del español se utilizara otra lengua se estudiaría obligatoriamente una asignatura de esta lengua). Por el centro han pasado apenas 350 estudiantes, sin embargo, como afirma un antiguo alumno, “la lista de gente conocida, incluso célebre, sería larguísima)”.

Adscrito a la Universitat de València, en el colegio de Burjassot se han formado científicos de prestigio, como Alberto Sols (química), Mariano Aguilar (óptica), Vicente Rubio (bioquímica), Eugenio Coronado (nanotecnología), José Bonet (matemáticas), así como médicos (los psiquiatras Marco Merenciano y López Ibor, López Piñero en historia de la ciencia), letrados o humanistas (Mariano Peset, Corts Grau, Julio Carabaña, José Luis Villacañas), además de universitarios metidos eventualmente a políticos (García Añoveros, Sánchez Ayuso o Pérez Garzón). “Tuve la suerte”, subraya Azagra, “de tener dos directores especiales, Joaquín García Roca, que dirigió después La Coma, y Rafael Sanus”. El obispo Sanus fue antes colegial y con él coincidió Tomás Llorens, exdirector del IVAM y del Thyssem Bornemisza, que ganó en 1953 beca para entrar en el colegio.

Tomás Llorens recuerda que en “en los años 40-50 el colegio estuvo tentado de ser ocupado por el Opus Dei, pero la dirección se resistió”.

Pedro Laín Entralgo (Urrea de Gaén, provincia de Teruel, 15 de febrero de 1908-Madrid, 5 de junio de 2001) fue un médico, historiador, ensayista y filósofo español. Cultivó, fundamentalmente, la historia y la antropología médicas.

En el verano de 1913, con más de noventa años moría Carolina Álvarez Ruiz. Procedente de la nobleza madrileña, se había casado con uno de los hijos del marqués de Santa Bárbara, Joaquín de la Encina Falcó. Fallecía poseedora de un notable patrimonio y sin contar con descendencia, decidiendo dedicar sus riquezas a diversas obras sociales que formarían en Patronato Álvarez. Dispuso que se construyese y mantuviese un asilo para huérfanos de pescadores de toda España, una pensión para el asilo de sacerdotes pobres de Nuestra Señora de la Bien Aparecida, en Marrón,  Santander y un colegio mayor en la finca de su propiedad llamada Dehesa del Patriarca, en la cercana localidad de Burjasot.

La torre defensiva alrededor de la cual se asentaba el núcleo originario de la localidad de Burjasot había sido restaurado por San Juan de Ribera en 1604, quien hizo allí su lugar de descanso, para posteriormente cederlo al Real Colegio del Corpus Christi, al que perteneció hasta 1866, año en que fue subastado por el Estado. Gran admiradora de la obra que Juan de Ribera emprendiese al fundar el colegio del Corpus Christi, conocido vulgarmente como del Patriarca, Carolina Álvarez Ruiz compró en 1894 esta construcción donde años después decidió que se estableciese un colegio mayor en el que se diese albergue y ayuda a estudiantes pobres, tanto de las facultades como del seminario, además de cualquier enseñanza superior que se pudiese cursar en Valencia.

Para ello nombraba en sus últimas voluntades la anciana mujer a los albaceas que llevasen a cabo su obra, con la presencia de su sobrino Vicente Rodríguez de la Encina y Tormo, barón de Santa Bárbara, junto a otros abogados, además del obispo de la diócesis valenciana y el rector del Real Colegio del Corpus Christi. Encargó a este patronato la redacción de los reglamentos para hacer de la dehesa mencionada un colegio “gobernado conforme al pensamiento que inspiró al Beato Juan de Ribera al fundar el Colegio Real del Patriarca”, el funcionamiento del cual debería imitarse especialmente en todo lo ceremonial, dejando además ordenado que “se prohíba por modo absoluto y terminante la entrada de mujeres en la finca Dehesa del Patriarca, no permitiéndoseles ni traspasar el dintel de la puerta o puertas que haya”. Bajo estas directivas realizó el Barón de Santa Bárbara los deseos de su tía. Reformaba el castillo‑palacio para convertirlo en una residencia de estudiantes al modelo de las antiguas. El 7 de abril se otorgaba la escritura de Fundación y se inauguraba el 29 de septiembre de 1916. Sin embargo, a diferencia de los viejos centros colegiales en los que se inspiraba, este era totalmente independiente de la universidad, pues ni la legislación permitía más vinculación, ni el colegio decía desearla, para estar libre de las vicisitudes que a aquella afectasen. Eran los estudiantes los que relacionaban el colegio con los demás centros de estudio, en los que se matriculaban como alumnos oficiales, sin que el colegio tuviera oferta académica propia más allá de cierta formación en lenguas vivas.

La aplicación en el estudio era una de las disposiciones del reglamento. La asistencia a clase era obligada para los colegiales, quienes, además de los exámenes oficiales, allí eran sometidos a pruebas trimestrales. Sin embargo se rechazaba la imposición de horarios fijos de estudio, labor que realizaban los colegiales por separado, contando cada uno, pagados por el colegio, con los libros necesarios, que después quedaban en la biblioteca, enriquecida por la donación del abogado de Nules,  Alejandro Mechó Torrejón. Para los ratos libres, en el parque que envuelve el palacio podían los jóvenes realizar todo tipo de deportes. Más allá no había otros actos y actividades, pues se pretendía que el resto de la vida se realizase con los demás estudiantes de la universidad o centro donde estudiasen.

Únicamente los actos religiosos reunían a los habitantes del colegio, al menos cada mañana en la misa, y mensualmente en el retiro, además de en los ejercicios espirituales y actos más irregulares. En octubre se inauguraba el curso en solemne apertura a la que asistían representantes de la sociedad valenciana que se deleitaban con las composiciones y discursos de los colegiales. A la categoría de becario podían aspirar jóvenes que deseasen estudiar magisterio, bachillerato, bellas artes, facultades de universidad o sacerdocio, aunque de este último fueron escasos los casos, por existir en la ciudad otras instituciones a ellos dedicados, como el mencionado colegio del Corpus Christi o el de Santo Tomás de Villanueva. Todos los residentes en el colegio eran becarios. El grupo principal lo eran por oposición, a la que se sumaban criterios de pobreza, de aplicación en el estudio e intelecto y moralidad. En septiembre se reunía para otorgar las plazas disponibles, que dependían de los fondos de la fundación, un tribunal formado, además de por los dos superiores del centro, antiguos colegiales del Corpus Christi, por tres de los propios becarios de Burjasot. Sin embargo también existía la categoría de becarios “fámulos”, que debían cumplir tareas de servicio, y que estaban libres de opositar.

En 1935 eran veinticuatro los becados en el colegio, seis de ellos alumnos de secundaria, cinco de derecho y cinco de ciencias, cuatro de medicina y dos de filosofía y letras, completando un estudiante de perito eléctrico y uno de pintura. Éstos, como sus antecesores, recibían alojamiento y manutención gratuitos, además de tener costeadas las matrículas y pagos académicos y los libros necesarios para sus carreras. Con ellos, desde su inicio en 1916, habían pasaron por el centro 111 colegiales, ochenta y nueve por oposición y veintidós fámulos. Entraban por lo tanto una media de seis alumnos por curso, que para conservar la beca debían obtener al menos dos tercios de sobresalientes, y ningún suspenso. Alguno de los diecinueve colegiales que abandonaron el centro lo hizo por no lograr esos mínimos, aunque existía como recurso último intentar convencer a un tribunal de antiguos colegiales de que se “tenía preparada la asignatura y que el mal examen se debía a causa distinta que el desconocimiento”. 

Con estas condiciones de acceso y permanencia reunió el colegio a algunos de los más aplicados estudiantes. Este centenar largo de colegiales contaba con más de una cuarentena de premios extraordinarios de grado, además de centenares de matrículas de honor y de sobresalientes en los cursos.

De entre estos aplicados jóvenes surgieron médicos destacados y brillantes abogados, maestros, ingenieros, notarios, jueces y catedráticos. Laín Entralgo recordaría su paso por esta institución, cuya oferta de becas fue la causa por la que cambió la universidad zaragozana por la valenciana:

“No recuerdo bien por qué vía conocieron en mi casa la existencia de una institución en la cual, conseguido el ingreso, se recibía gratuitamente todo lo necesario para seguir una carrera universitaria, alojamiento, gastos de matrícula y libros: el Colegio Mayor del Beato Juan de Ribera, de Burjasot (Valencia), hoy, ya canonizado su titular, Colegio Mayor de San Juan de Ribera. Según sus estatutos, tal institución era formalmente confesional, religiosa […] Acepté su propuesta sin disgusto, solicité tomar parte en las pruebas selectivas, y a Valencia fui con mi tío Ricardo, mediado el mes de septiembre, para probar fortuna ante el tribunal encargado de elegir los becarios. […] Bien. Acabé con buen éxito el concurso de autos, y desde el octubre de 1924 hasta el de 1930 fui colegial del Mayor del Beato Juan de Ribera; seis años en los cuales tuve como sede académica la Universidad valentina y como domicilio cotidiano –salvo los meses de vacaciones, que pasaba en mi pueblo natal –el Castell, que así llamaban en Burjasot al edificio entre campesino y señorial del colegio en que yo había sido admitido. Para mi vida, seis años rigurosos decisivos.” (Pedro Laín Entralgo. Descargo de conciencia…, pp. 42‑44).

Permaneció seis años en el colegio mayor, concluyó la licenciatura de Ciencias Químicas (1927) y cursa, adelantando estudios, la de Medicina, que acabará el año 1930. Doctorandose en ambas carreras. Contrae matrimonio con Milagro Martínez, en 1935 e inicia su aventura intelectual en las páginas de la revista “Norma”, (editada por el Colegio Mayor Beato Juan de Ribera de Burjasot), una ambiciosa y malograda “Revista de exaltación universitaria”, por él fundada, junto a Francisco Marco Merenciano, en la Valencia inmediatamente anterior a la Guerra Civil.

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Nº 1 revista Norma. Revista de Exaltación Universitaria. Ed. Asociación de Antiguos Becarios del Colegio Mayor del Beato Juan de Ribera de Burjasot. Marzo 1935. Valencia. 102 págs.

N º 1 Sumario:
López Ibor: Raíz fundamental de la universidad.
Marco Merenciano: Caracterología y Formación cultural.
Laín Entralgo: El sentido humano de la ciencia natural. Intermedio (Política y universidad).
López Ibor: El malestar de la Cultura según el psicoanálisis.

Fuente: Archivo del Real Colegio de Corpus Christi Valencia.

Junto a Laín, algunos de estos estudiantes, más de la mitad, se agruparon en la Asociación de Antiguos Becarios del Colegio Mayor del Beato Juan de Ribera de Burjasot. Bajo la presidencia honorífica del arzobispo de Valencia Prudencio Melo y contando con el destacado católico José María Zumalacárregui, catedrático y exrector, como socio de honor, Francisco Marco Merenciano reunió a unos sesenta antiguos colegiales ya profesionales, ejercientes por toda España. Fueron nombres como Vicente Benlloch Montesinos, catedrático de la facultad de medicina, José Corts Grau, doctor en derecho y más tarde rector de esta universidad, J. López Ibor (Sollana 1906- Madrid 1991) desterrado por la dictadura a Barbastro en 1944-45, formaba parte de los llamados “Desterrados de Madrid”, como Camilo José Cela, Rizcardo Zamora, Joaquin Costa o George Orwell, entre otros. El redactor jefe de la revista Norma fue Rafael Calvo Serer (Valencia 1916-Pamplona 1988), Miembro descatado de la “Generación del 48”, tuvo que exiliarse a raíz de la publicación en el diario Le Monde de un artículo suyo titulado Moi, aussi j’accuse, en el que criticaba al Gobierno franquista,  esa publicación hizo que fuera procesado por delito contra la autoridad del Estado y se dictó una orden de busca y captura contra él. El fiscal solicitó siete años de prisión. Participó en la creación de la Junta Democrática, promovida por el Partido Comunista de España, a su regreso a España en 1976 fue encarcelado, miembro del Consejo privado de D. Juan o Diego Sevilla Andrés, que contaron entre 1935 y 36 con la revista Norma  como órgano de expresión y de debate sobre la institución universitaria.

Como es lógico por el carácter que le imprimió su fundadora, hubo fuertes vínculos entre el colegio y el movimiento católico. Fueron colegiales algunos de los nombres principales de la Federación de Estudiantes Católicos, tales como Juan López Ibor, Manuel Rodríguez Navarro, Santiago Vidal Soria o Rafael Calvo Serer, entre muchos otros. De hecho se consideraba como iniciador práctico de la asociación de los estudiantes católicos en Valencia a un colegial, Juan Zugasti Sáenz, quien organizó el mitin en el que nació la Asociación de Derecho, núcleo de la Federación.

Las conexiones del colegio del Beato Ribera con los movimientos de derecha llegaron más lejos incluso que su relación con la sociedad de estudiantes católicos. El sacerdote Antonio Rodilla Zanón (desde 1923 fue Colegial Mayor -vicerector- del Colegio mientras que el rector era Vicente Garrido Pastor, entre ambos alternaron la dirección y administración del Colegio, primer sacerdote de la Asociación Católica de Propagandistas) sentía más que simpatías hacia en movimiento político de Acción Española, que intentó trasmitir a sus colegiados suscribiendo el centro a su revista. Fue este clérigo el artífice de la conversión de Laín Entralgo, quien escribió de él una larga y elogiosa descripción en la que le definía como:

“[…] un arquetipo del sacerdote espiritual e intelectualmente serio, en el más notable sentido de este adjetivo. Vocado a una intensa y exigente vida interior, sabía conversar de manera llana y afable con todos y cada uno de nosotros para comentar la vida en torno o para, llegado el casi, bromear con jovialidad, sin la menor concesión a la que un pamplonés ingenioso años más tarde había de llamar “picardía católica”, y en definitiva para promover con delicadeza de quien le trataba el deseo de mejorar su calidad ética e intelectual”.

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Dossier Colegio Mayor San Juan de Ribera, 2015.

Su vocación por el estudio antropológico-médico lo lleva a pronunciar en 1936, una conferencia en los cursos de verano de Santander, organizados por la Junta Central de Acción Católica, acerca de la humanización de la medicina. Pero la conferencia no llegó a dictarse, ya que le sorprenderá la Guerra Civil y, además y a causa de ella, la publicación del segundo y último número de la revista “Norma”, recién fundada fue suspendida, llegandosé a publicar el número dos.

Captura de pantalla (356)

ABC (Madrid) 30/5/1983. Programación de televisión, Primer Programa (Ahora llamada La 1 de TVE)

También existía una destacada relación entre el colegio y el Opus Dei. Ya en 1936 el colegial Rafael Calvo Serer había contactado con Escrivá de Balaguer cuando viajaba a Madrid en representación de la Asociación de Estudiantes Católicos de Valencia, siendo uno de los primeros diecinueve miembros de la Obra. Pero además Rodilla Zanón contaba con una relación de amistad con el fundador del Opus Dei, a quien invitaría a conferenciar en el colegio tras la guerra, en junio de 1939. El nombre de Antonio Rodilla sale en el imprimátur de la primera edición de Camino, que se editó en Valencia ese mismo año, y bajo la influencia de este sacerdote no fueron pocos los colegiales que ingresaron en la Obra.

 

Javier Martínez Santamaría

Associació Cultural Templers de Burjassot©

 

Bibliografía:

Díaz Hernández, Onésimo y Meer Lecha-Marzo, Fernando de: Rafael Calvo Serer: La búsqueda de la libertad (1954-1988), Madrid, Rialp, 2010, 1ª, 300 pp

EL ESTUDIANTE LIBERAL, Sociología y vida de la comunidad escolar universitaria de Valencia 1875‑1939. http://hdl.handle.net/10016/4376

La crisis pide plaza en el colegio. JUAN MANUEL JÁTIVA. Valencia 1 JUN 2014 – 21:51. El País Comunidad Valenciana.

http://elpais.com/diario/1976/06/04/espana/202687223_850215.html

Mateos, J. A. P., & de la Cierva, R. (1976). Los confinados: desde la dictadura de Primo de Rivera hasta Franco. Plaza & Janés.

Martínez, C.R. (2004). Origen, constitución y destino del hombre según Pedro Laín Entralgo, presentación y valoración. IT Ildefonso. 36

Perales Birlanga, Germán. (2009) BIBLIOTECA DEL INSTITUTO ANTONIO DE NEBRIJA DE ESTUDIOS SOBRE LA UNIVERSIDAD. Nª 17. 222-227.

Redondo, G. (1993). Historia de la Iglesia en España, 1931-1939: La Guerra Civil, 1936-1939 (Vol. 2). Ediciones Rialp. 206

 

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