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Transcripción literal del capítulo “El Cohetero” de Alejandro Buchaca i Freire, en el libro “Los Valencianos pintados por si mismos”. Obra de Interes y Lujo, escrita por varios distinguidos escritores. Valencia-1859. Imprenta de La Regeneración Tipográfica de D. Ignacio Boix, calle del Sagrario de Sta Cruz, núm 4. (pp 319-330)

Biblioteca: So Juan García Estellés, “Mestre Coeter”

3.

Allá voy , y no á hacer cualquier cosa; nada menos que ha describir á un pirotécnico, pero no de aquellos que en la pirotécnica se dedican á la aplicacion tormentaria y arto de destruir , sino á la parte recreativa; los primeros necesitan de muchos y sublimes estudios para poder merecer una charretera en el cuerpo de artillería , á la par que los segundos sin teoría de combustion, ni cálculo diferencial, ni integral, son los que sin causar espanto entretienen á las gentes con el ronco son dels masclets (1), con el traqueteo de les piuletes (2), la rápida ascension de les eixides (3) y con las vistosas ruedas que ya con direcciones recias , ya describiendo volutas ú otras curvas , despiden fuegos de diferentes colores presentando bellísimos cuadros capaces de animar al inglés mas flemático.

El pirotécnico que vamos á describir llamado vulgarmente el Coheter (4), es un hombre que causa la mayor admiracion á los labriegos: generalmente es séñor, previsor, sereno, arrojado y pronto en sus acciones; suele no fumar y en caso de hacerlo lo verifica pocas veces. Estas cualidades son debidas á el eminente peligro á que continuamente está espuesto por la fácil inflamacion de la pólvora y otros combustibles que forman el principal material de sus obras.

1

Los instrumentos de su arte se reducen á una artesa y una bala de á doce para desmenuzar la pólvora; un almirez para machacar el azufre; una hoz para cortar las cañas; unas tijeras para cortar papel; un embudito de ojadelata; unos cuantos pinchadores; atacadores de hierro huecos y macizos ; una balanza pequeña ; mesas y sillas. Su trage siempre modesto y de poco valor, suele componerse de un pantalon no muy ancho y bien cortado de tiro para poder saltar con facilidad; una chaqueta de manga ajustada, porque los faldones de un gaban ó levita le incomodarían y la manga ancha permitiría la entrada á las chispas hasta tocar el cutis de los brazos. Prefiere la ropa de lana á la de hilo y mas á la de algodon, porque en aquella el fuego no puede prenderse con facilidad, mas no tiene noticia de las telas de asbesto que son incombustibles. Estos humildes Pirabolistas andan siempre de fiesta en fiesta al revés de los médicos que andan siempre de llanto en llanto. Trabajan con ligereza y precaucion, son exactos en sus presupuestos y sacan un regular producto de su trabajo. Sus mas utiles y altas relaciones son los alcaldes de los pueblos y los clavarios de las fiestas. Cuando unos ú otros se presentan en su casa, en representacion de la junta de fábrica ó ayuntamiento, el cohetero los recibe con mucha seriedad, les dice que se sienten quedándose él de pié. El alcalde y demás del comandin lo observan atentamente, se miran unos á otros y tomando uno la iniciativa esplica al cohetero el objeto de su venida manifestando si quiere masclets , traca de cohetes , castillo ó cuerda. Siempre son tres de estas cosas las que se le encargan, pero infaliblemente, si es para pueblo entran en ellas las dos primeras; la determinacion de si la tercera ha de ser cuerda ó castillo, depende de una discusion, que los principales del pueblo han tenido de antemano en la cual suele haber mas debate que en el congreso de diputados cuando se traía de presupuestos.

Resuelta la cuestion, al paso que encargan la traca y los masclets entran en ajuste del castillo ó cuerda, sin esplicacion de la clase de vistas de fuegos que ha de tener y sin otro mas que decir un castillo ó cuerda de tantas libras de, valor (5). El cohetero que les ha estado escuchando con suma atencion uno los estremos de los dedos índice y pulgar y llevándolos á los lábios, se queda pensativo y como reflecsionando si podrá desempeñar el cargo. Por pocas que sean sus ocupaciones en aquel entonces, contesta:

—Mucho trabajo hay. Y sigue como meditando; no obstante haremos lo que se pueda.

Es que no fasa falta. Contesta uno de los otros. El dia abans per la vespra l´espere en casa.

—Bien, bien. Contesta el cohetero.

No se olvide de dur bon cabás. Dándole á entender con esto que lleve un buen capazo lleno de cohetes sueltos.

—Bueno; no faltará nada de lo que sea menester. Envíen ustedes un carro uno ó dos dias antes, segun lo distante que está el pueblo, que allá iré con mi gente.

Se despide la comision y el cohetero principia á preparar la encomienda por sí solo ó auxiliado por sus oficiales, los cuales trabajan sentados con mucha separacion unos do otros para evitar desgracias. Con mucha facilidad ocurren explosiones causándolas á veces muy terribles. En la fabricacion de les ixides de luz que se componen de una mezcla de salitre, azufre y carbon; cuando atacan estos ingredientes dentro del rollo de papel ó cáñon de caña que da forma al cohete y por inadvertencia ó descuido choca el atacador con otro hierro que hay dentro del cohete mientras lo forman, se produce la esplosion del que tienen entro las manos; y es cosa de admirar como no lo sueltan y lo sostienen con los dedos para que no comunique el fuego á la obra que suele haber en derredor. Los mas de ellos que ignoran las materias que constituyen la pólvora suelen admirarse que unidas las materias indicadas se inflamen con tanta facilidad, y mil veces se les oye decir: <<Cosas hay en nuestro oficio á las que se prende fuego con mas facilidad que á la pólvora>>.

 

James Cutrush. System of Pyrotechny, Philadelfia 1825. Portada y p 619.

Un poco antes ó despues que el cohetero y sus oficiales han concluido el trabajo encomendado, como de improviso, se presenta á la puerta de su casa un hombre acompañando el carro convenido para la traslacion del cohetero , oficiales y su obra al pueblo donde se ha de celebrar la funcion.

—¿Ya están hechos los fuegos? Pregunta el conducir del carro.

¿Podremos divertirnos? No se olvido usted de los cohetes sueltos.

—Ya tengo hecho buen acopio de ellos. Respondio el cohetero. Y por cierto que los hay bien gordos.

Con sumo cuidado cargan su obra sobre el carro, y el conductor, cohetero y dos ó mas oficiales suben en el y se dirijen hacia el lugar de la funcion. Durante el camino el cohetero le va ponderando al conductor el buen trato que á el y á sus ayudantes les dieron en tal ó cual pueblo, lo mucho que les gustó la cuerda ó castillo ; los oficiales que tambien meten su cuarto á espadas en la conversacion, como en un entreparéntesis preguntan si en el pueblo á donde van hay buen vino, citando algunos puntos donde dicen que les dieron á beber con abundancia uno muy bueno ; el conductor con inocente amabilidad les contesta que en su pueblo hay vinos de escelente calidad, porque aunque no sea así creo que todo lo que existe en el lugar en que ha nacido es lo mejor que se conoce en el mundo , y les promete que durante los días que permanezcan en el pueblo les dará á beber cuanto quieran del mejor vino que se encuentre. Con esta y otras conversaciones van pasando el camino sin serles fastidioso y cuando menos piensan se encuentran en las inmediaciones del pueblo. El previsor cohetero manda á sus oficiales que inmediatamente echen pié á tierra y se queda en el carro puesto de pié; el conductor baja y toma con su izquierda la muía por la brida junto á Ia boca, con la derecha hace crujir el látigo y formando un curioso grupo entran en el pueblo. Todos los muchachos salen frenéticos á recibirles, andan saltando y gritando alrededor del carro; los oficiales les separan empujándoles, uno cae junto á la rueda, otro se plañe de un latigazo que ha recibido del conductor, las mugeres les salen á las puertas y miran aquel aparato hasta que le pierdan de vista. Como en triunfo acompañan al cohetero y demás jentes hasta la casa donde debe pernoctar. Llegados ya los oficiales descargan todo el comboy y lo depositan con precaucion en sitio retirado y seguro. Mientras, acuden el alcalde, el secretario, los regidores, el cura, el médico, el maestro de escuela y todos aquellos que figuran en primer línea en el pueblo; cada cual dirije al cohetero mil palabras que todas se reducen á preguntarle ¿Que tal, tindrem bones desparaes.  Será bó el castell? ¿Porta cuhets solts?.

El secretario suele recordar á media voz la orden dada por diferentes gobernadores civiles de qua no se permita disparar carretillas sueltas en las poblaciones. Todo el mundo calla y oye al secretario con desprecio; alguno mas osado contesta. ¡Vhá, vhá! Els de Valencia vólen arreglara tot. Mes valguera que se arreglaren ells. Algun viejo de los presentes suele concluir la locucion el osado añadiendo: Tota la vida han tirat cuhets els dies de les [estes. ¿Per qué no nam de tirarli ara? Entre estas y otras razones el cohetero y su jente descansan del viage y toman su buen vaso de agua con limon y azúcar.

Luego sale acompañado de la comitiva que allí se ha reunido á su llegada y se dirijen al sitlo donde quieren que se dispare el castillo ó cuerda, examina atentamente el terreno y como sabe la dirección de los fuegos y el efecto que pueden producir á la vista del espectador de mirarlos de uno ú otro punto, si acaso no juzga el sitio á propósito lo manifiesta á los que le acompañan, les indica la mejor disposicion, y estos, por aquello de Magister dixit convienen sin replicar con el cohetero.

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Encyclopédie Méthodique. Tomo 1. 1782. MM Diderot. “Art de L´Artificier”. pp 119-175.

Al día siguiente apenas principia el sol á rayar sobre el horizonte dorando las cumbres de las montañas, las azoteas de los edificios, y las copas de los árboles mas elevados ; cuando las flores muestran su mejor lozanía resaltando sobre sus corolas las brillantes gotas de rocío que el relente depositó durante la noche; cuando acariciadas por un suave céfiro embalsaman la atmósfera con sus aromáticos olores, un vuelo de campanas y clamoreo general anuncian el principio de la fiesta y el cohetero comienza á demostrar sus habilidades. Frente á la puerta del templo tiene colocada como una hilera de masclets que va disparando uno á uno al son de las campanas: Todo so pone en movimiento , los niños saltan de alegría, todos van abriendo las puertas de su casa; únicamente suele permanecer cerradas las de algun palacio, antiguo castillo donde mora alguna señora de alta estirpe que por haber gastado con demasía en la corte se ha retirado provisionalmente en aquel lugar, de donde toma el nombre su título; y el confuso rumor la despierta, tal vez, de un sueño que que la hacia gozar de un fantástico baile que se daba en una embajada en cuyos salones soñaba estar. La banda de música repite varias piezas alegres y todo aparece bello y encantador.

El cohetero vuelve á su alojamiento, almuerza y prepara de nuevo los masclets. Los oficiales que no han olvidado las promesas del que les condujo al pueblo , cuando en el camino le preguntaron si habia buen vino en el lugar á donde iban, recuerdan á su conductor lo prometido y logran visitar algunas bodegas donde dan á Baco un culto reverente.

A las diez de la mañana suele principiar la misa mayor con orquesta y sermon ; al llegar al primer evangelio se disparan otra vez una hilera de masclets , lo mismo al levantar á Dios y á la conclusion de la misa…

Javier Martínez Santamaría

Associació Cultural Templers de Burjassot©

El Coeter (II)

 

Notas:

(1)  Morteretes.

(2)  Cohetes sin petardo.

(3)  Cohetes voladores.

(4)  Cohetero.

(5)  Libra, moneda imaginaria que equivale á cinco reales vellon y dos maravedises.

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