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La tarde del domingo 5 de junio de 1939, Jose María Escrivá de Balaguer llega a Burjasot, un pueblecito del litoral levantino, para predicar un curso de retiro a universitarios en el Colegio Mayor San Juan de Ribera. Hace calor, y los asistentes pasean por el  jardín, al cobijo de los árboles, mientras aguardan su llegada.

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Castillo – Colegio Mayor Beato Juan de Ribera de Burjassot, 6/3/1919

De repente, Monseñor Escrivá de Balaguer repara en un cartel muy grande y llamativo, encima del dintel de una puerta. Es un cartel sin ilustración, que reproduce tan solo un lema poético: «Cada caminante, siga su camino». Pensando en que tal vez esa frase pueda molestar al Fundador de la Obra, algunos se acercan para intentar descolgarlo, pero él les detiene:

—iDejadlo! No lo quitéis… Es un consejo aprovechable.

En una meditación que dirigió en marzo de 1963, recordaba de nuevo la misma escena: «El primer curso de retiro que yo prediqué, acabada la guerra civil española, lo di en el Colegio de Burjasot, junto a Valencia. Todavía estaba aquello, como suele decirse, como un cuartel robado: mucho desorden, mucha suciedad, mucha destrucción, porque me encontré con un cartel que me ha servido de motivo de predicación tantas veces. En aquel cartel decía”:

<<cada caminante, siga su camino>>

 

¿Un lema bélico o un verso de Antonio Machado?

El punto de partida radica en la proximidad física y emocional del poeta de Castilla con el mando militar republicano instalado en el Colegio Mayor San Juan de Ribera, en Burjasot. Pero, para aclarar este punto, será necesario situar los acontecimientos históricos en la vida de Machado; porque sólo así podremos ver con claridad su conexión con Valencia y con el ejército republicano.

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Antonio Machado en la terraza de Villa Amparo (Rocafort),  probablemente en 1937. La ubicación de esta foto fue durante mucho tiempo situada erróneamente en Collioure. Fuente

En noviembre de 1936, cuando la ofensiva Nacional sobre Madrid empezó a estrechar el cerco, el Gobierno de la II República decidió trasladar a Valencia a los intelectuales más destacados que residían en la capital de España. Entre esos intelectuales, se encontraba Machado y su familia; y el traslado de este grupo (allí estaban también Rafael Alberti, León Felipe, José Moreno Villa, etc.) se encargó al Quinto Regimiento, que entonces comandaba Enrique Líster. El 25 de noviembre, muy de madrugada, la expedición llegó a Valencia y fue instalada en el requisado Hotel Palace, donde había un intenso trajín de viajeros. Ese ajetreo, y el ruido consiguiente,  casaba  poco con la soledad y la tranquilidad que tanto amaba el poeta; y a los pocos días consiguió la autorización para trasladarse con su madre y sus hermanos a un chalet de Rocafort, a unos doce kilómetros al Norte de Valencia. En esa misma carretera, casi a mitad de camino entre Valencia y Rocafort, está el pueblo de Burjasot: paso obligado para todos los desplazamientos que D. Antonio realizó a la ciudad del Turia; y que debieron ser unos cuantos, pues permaneció en Rocafort desde diciembre de 1936 hasta abril de 1938. De hecho, uno de los biógrafos de Machado llega a afirmar que el poeta residió incluso en Burjasot (M. TUÑÓN DE LARA, Antonio Machado, poeta del pueblo, Taurus, Madrid 1997, p. 319.)

En todo caso, no son sólo elementos coincidentes los que nos llevan a suponer la autoría machadiana sobre el lema del cuartel militar de Burjasot: «Cada caminante, siga su camino». Para corroborarlo debemos atender, en primer término, a la importancia que en la poesía de Machado tuvo siempre el motivo del camino: desde su etapa modernista, con la publicación de Soledades (1902), a la etapa noventayochista, con Campos de Castilla (1912), o a la última época de Nuevas Canciones (1930). Con todo, el tema del camino resulta un motivo poético especialmente significativo en la colección de «Proverbios y cantares» (1912). Allí encontramos un poema muy conocido de Machado que presenta no pocas similitudes formales con el verso. Dice así el poemilla machadiano:

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino,

sino estelas en la mar.

(Campos de Castilla, «Proverbios y cantares» (CXXXVI), n° XXIX)

Además de esta semejanza formal y temática, está también la costumbre machadiana de escribir versos sueltos. D. Antonio era muy dado a garabatear en un papel una expresión feliz, de resonancias poéticas, como germen o punto de arranque para futuros poemas.

Por otra parte, los poemas de Machado se leían con frecuencia en los frentes, entre las milicias populares, para mostrar el supuesto apoyo de los intelectuales a la causa republicana. Y aquí conviene hacer una precisión. D. Antonio había afirmado repetidas veces su independencia de todo partido político, y muy especialmente de las ideologías marxistas, a las que algunos quisieron vincularle; por eso se permitió declarar en un discurso ante las Juventudes Socialistas: «Desde un punto de vista teórico, yo no soy marxista; no lo he sido nunca y espero no serlo jamás. Entre otras cosas, porque me falta simpatía por la idea central del marxismo: me resisto a creer que el factor económico, cuya enorme importancia no desconozco, sea el más esencial de la vida humana y el gran motor de la historia»

Con estos precedentes, no es aventurado suponer que algún mando militar del ejército afincado en Burjasot, en el Colegio Mayor San Juan de Ribera, solicitara de Machado un lema poético para su compañía; o tomara —de algún poema perdido, pues no aparece en sus Obras completas— ese solitario verso de «Cada caminante, siga su camino». De hecho, consta que D. Antonio recibió muchas peticiones de este estilo, como refiere también su hermano José, que fue su compañero fiel durante los años que pasó en Valencia: «Otra tarde unos jóvenes entusiastas fueron a pedirle una poesía para su Asociación. Y entonces les escribió el magnífico himno titulado «iAlerta!»

Firma Antonio Machado: Fuente  /  Firma José María Escrivá: Fuente

 

La confirmación de un testigo acreditado

Todas estas reflexiones llegan a su punto culminante con el testimonio fehaciente de alguien que vivió de cerca esos sucesos. Se trata de Francisco Gómez Martínez, oficial del Ejército republicano que, a finales de la contienda estaba bajo las órdenes del General Matallana. Este es su testimonio, dado a conocer por el Prof. José Orlandis en un reciente libro de memorias:

“Algún tiempo después del fallecimiento del Fundador del Opus Dei, hablaba yo ante un grupo de miembros supernumerarios de la Obra de aquel retiro de Burjasot, cuando, al aludir al detalle del cartel en cuestión, uno de los presentes, que residía en Lérida, me interrumpió diciendo: “yo vi ese cartel, y puedo añadir que en 1937 todavía no había sido puesto y sí, en cambio, al año siguiente, en 1938”.

Seguidamente explicó sus afirmaciones, aportando recuerdos personales de primera mano.

“Yo —dijo— fui oficial del Ejército republicano durante la Guerra civil, y estuve destinado en la Escuela de Oficiales de Artillería que tenía su sede en Albacete. En dos ocasiones mis jefes me enviaron por cuestiones de servicio a la Escuela de Oficiales de Estado Mayor de Burjasot, la primera en 1937 y la otra en 1938. La primera vez no estaba el cartel, pero sí la segunda; me llamó la atención y pregunté qué significaba aquello, y uno de los profesores me informó acerca del origen de la máxima y la razón de haberse colocado el cartel. El Coronel Director de la Escuela se empeñó en que ésta tuviera su propio mote o lema. Dio la coincidencia de que por aquellos días fue a parar a Burjasot, tras haber sido evacuado de Madrid, el poeta

Antonio Machado, a quien se le asignó como vivienda un chalet, a muy poca distancia de aquel centro de enseñanza militar. El Director recurrió al ilustre vecino. Machado compuso el lema que le habían pedido, “Cada caminante siga su camino”, y el Coronel mandó colocarlo en la entrada del edificio”. Allí lo encontró todavía el Fundador del Opus Dei, en junio de 1939″.

Francisco Gómez Martínez,  tenía en 1939 la edad de veinticinco años. Militar de profesión, le cayó en suerte luchar en el bando republicano al poco de licenciarse como oficial. Originario de Teruel su destino durante los tres años de guerra civil se movió fundamentalmente en los alrededores de Valencia.

Cuando, el 25 de julio de 1938, termina la contienda de Levante y los nacionales obtienen su salida al mar, el 21° Cuerpo de Ejército se disuelve y el joven oficial es enviado al Estado Mayor Central, en Valencia, donde el Teniente Coronel Matallana (que Miaja había nombrado Jefe de Estado Mayor el 16 de abril de 1938) coordinaba el Grupo de los cuatro ejércitos de la zona: Levante, Andalucía, Extremadura e Interior.

Ya en el año 1939, muy probablemente en el mes de febrero, Francisco Gómez es enviado de nuevo a Burjasot para llevar una cartera con documentos. Es en esta segunda vez cuando aprecia algo que, evidentemente, no estaba antes: un cartel de grandes dimensiones (no puede precisar si era una arpillera, un cartel impreso o incluso un típico mosaico levantino), que ocupa un lugar destacado del edificio. Tras preguntar al oficial de la Escuela que le atiende a su llegada, no tarda en hacerse con una cumplida explicación de por qué está ahí ese gran cartel. Según recuerda, ese oficial le dijo explícitamente que era de Antonio Machado, quien tenía cierta amistad con el director de la escuela: quedaban para tomar café, para charlar sobre diversos temas y, sobre todo, para fumar juntos. Al parecer. Esa paternidad machadiana de la frase era conocida por todos los que vivían en el cuartel de Burjasot.

Javier Martinez Santamaría

Associació Cultural Templers de Burjassot©

Bibliografía:

«Cada caminante, siga su camino» Historia y significado de un lema poético en la vida del fundador del Opus Dei» MÉNDIZ NOGUERO, Alfonso. (2000) (Facultad de CC de la Información Universidad de Málaga). AHIg 9, Universidad de Navarra.es 741-769.

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