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Bordero:  Nombre que se da al documento en que figuran relacionados una serie de conceptos respecto a cuales se facilita información concreta. (Enciclopedia de Economía, Finanzas y Negocios, Volumen I.  20 Tomos. Varios autores. Ed. CISS).

 

“VALENCIANO Y CATALÁN

TORCUATO Luca de Tena ha publicado recientemente en ABC (24-VI-78) un excelente y documentado artículo intitulado «La lengua valenciana». Académico, novelista de primera fila, autor teatral de los de gana, periodista de muchas luces y de elevado dominio del idioma (sus escritos son una delicia, por el buen uso —en expresión de Andrés Bello— de nuestra lengua y por su dicción perfecta, partícipe, a la vez, de las más refinadas cátedras, sagrada y universitaria), el marqués de Luca de Tena posee la gran virtud de agotar el asunto que toca con su pluma. (Recuerdo sus artículos en torno al Descubrimiento de las Américas y al pensamiento de Teresa de Avila.) Y así sucede en este caso.

Acertadamente hace referencia a la definición que de lengua valenciana sostiene oficialmente la Real Academia en la edición de 1970 de su Diccionario, a la que califica de poco afortunada: «Variedad de la lengua catalana que se habla en la mayor parte del Reino de Valencia.»

Desde el punto de mira lingüístico —que es el mío— es preciso aportar unas ideas a la cuestión de por que la Academia denomina variedad de la lengua catalana al valenciano. En 1861 publicaba Manuel Milá y Fontanals una de sus más importantes obras: «De los trovadores en España. Estudio de lengua y poesía provenzal». En esta obra el polígrafo de Villafranca de Panadés afirmaba reiteradamente que el catalán era una variedad de la lengua de oc. Esto llevó desafortunadamente a Francisco de B. Molí, en su «Gramática histórica catalana», a afirmar que la Identidad originaría del catalán con el provenzal fue admitida por Milá y Fontanals.

Como intenté demostrar hace algo más de una década en mi trabajo «Actualidad de un occitanista español del siglo XIX: Milá y Fontanals» —publicado en Cahiers F. de Saussure, Universidad de Ginebra, 1966—, del hecho de que Milá hablara de variedad catalana de la lengua de oc no se puede concluir la identidad originaria del catalán con el occitano —o provenzal—, puesto que, junto a esta cifra, se encuentran en el investigador catalán expresiones como la de que Cataluña es hermana por la lengua de la parte meridional de la antigua Galla, o cuando habla de dos variedades, transpirenaica y española, de la lengua de oc. La hermandad de entrambas radica, en sentido lato, en que provienen del latín y. en sentido estricto, en su pertenencia a un mismo grupo lingüístico, es decir, al galo-románico meridional.

Esta teoría, que es coincidente con lo que sobre el particular sostienen en la actualidad romanistas de la talla del galo Pierre Bec, nos lleva a pensar que tampoco el valenciano es una variedad del catalán. En efecto, dentro de la concepción más reciente de la filología románica, cabría pensar que el valenciano constituyó una lengua puente entre el castellano y el catalán, del mismo modo que es lengua puente entre el galo-románico y el ibero-románico el catalán. El valenciano participaría en su origen del galo-románico meridional y del ibero-románico, teniendo, no obstante, una evolución claramente diferenciada respecto del catalán, si bien con la existencia de influencias mutuas. En un intento de salvar la concepción académica de 1970 podría admitirse que el valenciano es una variedad del tronco lingüístico del que también es variedad el catalán.

Es verdad que, junto a esta interpretación, existe la teoría de que el castellano, el catalán, el gallego-portugués y otras lenguas ibero-románicas están englobadas en el concepto muy moderno de paniberorrománico —o totalidad de las lenguas Ibero-románicas—. Hace un siglo se afirmaba la imposibilidad de determinar las fronteras de los dialectos o lenguas. Hoy en día parece que se quiere admitir su existencia. Pero, aun admitida, no se puede considerar muy consistente, pese a los rasgos diferenciadores, las fronteras entre el galo-románico y el ibero-románico. En efecto, los Pirineos forman, más que una línea de separación o frontera lingüística, una zona de ligazón entre estos dos grupos románicos. En este sentido se ha establecido recientemente cuán estrechamente está ligado el gascón con los idiomas de la España septentrional, es decir, con el aragonés y el catalán, y éste, a su vez, con el occitano. Es por lo que se ha dado en hablar de un pirenaico —o territorio lingüístico de los Pirineos—, que comprendería las hablas de ambos lados de esta cordillera”.

Mourelle de Lema, Manuel. Fundación Juan March. Archivo Linz de la Transición española.

 

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ABC. 24 de junio de 1978, página 13.

 Associació Cultural Templers de Burjassot©

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