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Capítulo III

Al principiar la noche anterior al día señalado para la ejecución de mosen Juan, un hombre de modesto traje cabalgando en un viejo rocín, llegó hasta el pueblo de Burjasot, atravesándole por entero hasta llegar á las cuevas situadas á su estremidad.

Para los que no hayan visto estas ingeniosas viviendas voy á escribir unas cuantas palabras dándoles conocimiento de ellas, pues las muchas de igual especie que se hallan en algunos pueblos de la Mancha y Aragón, sucias, húmedas, estrechas y enfermizas, no pueden suministrar idea de las inmediatas á la ciudad del Turia. Estas son unas escavaciones practicadas en el terreno, á propósito para el caso por su naturaleza calcárea, divididas en cuantos departamentos pueden ser necesarios; secas, ventiladas, con luz suficiente que reciben por alto, espaciosas tanto como lo desea el activo propietario y constructor, donde él y su familia, por dilatada que sea, igualmente que los animales de cuadra y corral, hallan habitación cómoda, saludable y desahogada.

Hacia las últimas paró su cabalgadura el jinete desconocido, como indeciso del sitio á que debía encaminarse, buscando al mismo tiempo alguno mejor informado que le sacase de su incertidumbre.

Difícil era encontrarle en aquellas horas y con el recio temporal propio de la estación, y no fue poco descubrir una chicuela que pasaba corriendo á guarecerse bajo techado, á quien detuvieron las voces del forastero.

—¡Eh, muchacha, espera, —la decía—, aguarda un momento que voy á regalarte una cosita!

Cuando el mesurado paso de su caballejo permitió al desconocido emparejar con ella, bajó la voz y la preguntó de seguida:

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—¿Sabes cual es la casa del bogí? ¹

—¡Qué me pregunta vuestra merced, señor! —esclamó asustada la chiquilla, haciendo sobre su pecho la señal de la cruz y disponiéndose á emprender la fuga, lo que visto por el jinete se apresuró á detenerla echando mano á la bolsa.

—Toma estos cuatro sueldos, —añadió—, y no te admires; necesito saber donde vive el bochí. Si me lo dices te doy este puñado de monedas.

—Venga por acá, señor, —le dijo ya mas recobrada de su temor, adelantándose algunos pasos hasta dar vuelta á un cerro bastante elevado— ¿vé vuestra merced aquella última cueva aislada, con la puerta pintada de rojo? pues allí vive.

—Está bien; no quiero saber más. Toma y á Dios.

Encaminóse allá desde luego, ató su caballo á una de las afamadas higueras de este pueblo de la huerta y con paso firme é imponente majestad, que no debía esperarse de tan humilde vestimenta, descendió por la rampa que conducía á la entrada de la vivienda, la que hizo resonar con dos fuertes bastonazos dados á la manera de quien estraña encontrar obstáculos á su paso.

Una voz desentonada pero humilde contestó de la parte interior:

—Perdone por Dios, hermano, y siga su camino, que mas adelante hallará quien le albergue.

—Este bellaco me juzga sin duda algún mendigo, —dijo entre sí el caballero, y alzando la voz continuó, golpeando al mismo tiempo:

—Abre, Morro de Vaca ², á ti es á quien busco; despacha luego, por vida del señor San Jaime, si no quieres que haga clavar tus orejas en la puerta de Serranos.

Al momento fue obedecida esta orden y el incógnito penetró en la habitación cubierto el rostro y sin reparar en el aturdido sayón que le había dado paso, ni atender casi á sus trémulas razones.

—Pero señor, sin duda no conocéis está casa, cuando nadie puede entrar en ella porque, no sabréis.

—|Basta! sé donde estoy y quien eres, y puedo hallarme en todas partes sin adquirir nota de infamia. Ahora vamos al caso. ¿Me conoces?

Al decir esto apartó del semblante el capuchón de su gabán, mostrando su faz noble y augusta al bogí, que cayó de rodillas más bien trastornado que reverente, esclamando al tocar la tierra con el rostro:

—¡Válgame San Bernardo de Gracia! ¡Su alteza el rey! ¡Y yo que había creído que era un hombre!….

—Y no te has equivocado por fortuna, —repuso el monarca—; nadie debe poseer las cualidades de un hombre en mas alto grado que un rey. ¿Estamos solos? —añadió examinando la pieza con la vista.

—Nadie nos oye, escelso príncipe: mi familia, temerosa de algún atropello de los que con frecuencia nos acarrea nuestra odiada profesión, se retiró á lo último de la casa cuando oyó dar golpes en la puerta.

—Pues levántate, recobra la tranquilidad y escucha mis órdenes. Mañana es el día señalado para la ejecución de mosen Juan Pertusa.

—Señor, aseguro á vuestra alteza que ha de quedar satisfecho de mi larga práctica en el oficio.

—¡Silencio, digo! y vuelvo á repetir que oigas con atención. Si hasta el mismo caso de ser ejecutado continúa el reo inconfeso, lias de suspender en mi nombre el ejercicio de tu ministerio, pero si declara su delito, cumplirás con tu deber. Ya comprendes que, cuando á deshora he venido á comunicarte mi voluntad, es prueba que deseo permanezca ignorada, y que te importa la vida guardar el secreto de que eres único depositario.

—La palabra de V. A. es para mí tan sagrada como la del P. Vicente Ferrer.

—Aunque menos santa, cuida de obedecerla con mas esmero por tu parte.

Arrojóle al decir esto unos cuantos escudos de oro, y volviendo la espalda para desatar su montura, cabalgó en ella con dirección á su palacio.

DIONISIO CHAULIÉ.

¹  Botgi ó bochi, verdugo en valenciano.

² Así se titula al ejecutor en los documentos oficiales de aquel tiempo.

Dionisio Chaulié y Ruiz (Madrid, 1814 -5 de agosto de 1887) fue un periodista, tipógrafo y escritor español.

Dirigió la Imprenta del editor Francisco de Paula Mellado o de la Sociedad Española de Crédito Comercial.

Fundó El Tipógrafo (1862-1863) y fue redactor jefe de El Tiempo y director de El Globo Ilustrado (1866-1867).

Colaboró en El Museo de las Familias, Occidente de Asturias, Flor de la Infancia, La América y Revista Contemporánea, para la cual escribió una serie de cuadros de costumbres que reunió luego en el libro Cosas de Madrid: apuntes sociales de la Villa y Corte (Madrid: M. G. Hernández, 1884; segunda edición Madrid: M. M. de Santa Ana, 1886, tres vols. con los títulos Memorias íntimas, Informes de un testigo y Aventuras de dos prisioneros de guerra), reimpreso varias veces modernamente.

Transcripción Jesús Moya Casado

Asssociació Cultural Templers de Burjassot©

(Continua)

LA CALLE DELS SANTETS. Crónica valenciana (I)  https://templersdeburjassot.wordpress.com/2017/02/28/la-calle-dels-santets-cronica-valenciana-i/

LA CALLE DELS SANTETS. Crónica valenciana (II) https://templersdeburjassot.wordpress.com/2017/03/01/la-calle-dels-santets-cronica-valenciana-ii/

LA CALLE DELS SANTETS. Crónica valenciana (IV)  https://templersdeburjassot.wordpress.com/2017/03/03/la-calle-dels-santets-cronica-valenciana-iv-final/

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