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Capítulo II

Habían pasado las diez de la noche del 6 de enero de 1407 y el alegre bullício de la siempre festiva ciudad, estinguiéndose por grados hasta guardar todo completo silencio, señalaba la hora de la queda á los que no bastante satisfechos con las funciones celebradas durante el día, trataban de prolongarlas hasta más allá de su término legal.

Por entonces hallábase doña Teresa departiendo amigablemente con una de sus más íntimas doncellas en un retirado camarín, donde se veía preparada una ligera colación, dispuesta según trazas para dos únicas personas, pues solo dos asientos se advertían cerca de la pequeña mesa donde las maduras frutas y apetitosas conservas ostentadas en rica cristalería veneciana, indicaban á golpe de vista lo muy principal de la pareja afortunada á quien se hallaba destinado tan costoso aparato.

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Fuente Sepulcro de miembros de la familia Boil atribuido a Bartomeu de Robió en el  antiguo convento de Santo Domingo o inicialmente de los predicadores

—¿No te parece, Camila, —decía la señora á su joven camarera—, que tarda Boil mas de lo acostumbrado? ¡Es insufrible semejante descuido! Luego vendrá pretestando sus muchos quehaceres. ¿Qué tengo yo que ver con eso? Estoy determinada á no escuchar disculpa ninguna. Cuando llegue le despedirás de mi orden diciéndole que hace mucho rato me recogí cansada de tanto esperar. Así escarmentará para otra vez.

—Con vuestra licencia, —respondió la doncella—, juzgo que sois demasiado ingeniosa para forjaros disgustos imaginarios: el señor gobernador es muy natural se retrase algún tanto en un día que su alteza le habrá detenido hasta bien entrada la noche, y será mucha crueldad aumentar con vuestros rigores el pesar que ya le habrá causado la tardanza.

—¿Lo juzgas así, Camila? pues entonces hágase como deseas. Esperaremos con paciencia, pues no quiero por cuanto hay en el mundo adquirir nombre de obstinada.

La facilidad con que adoptó el consejo manifestó lo dispuesta que se hallaba para recibirle, queriendo solo ceder como vencida por las instancias de su camarera, más bien que por la corriente de su deseo.

En estas y otras conversaciones hubo pasado otro buen rato, en el que ya la tardanza de don Ramón empezó causar inquietud á una y otra interlocutora, aunque sin manifestársela mutuamente; la dama por no aparecer demasiado tolerante, la doncella recelosa de comunicar á su señora el cuidado que sentía.

A la sazón un rumor de voces lejanas puso en cuidado á doña Teresa, que, sepultada en un ancho sillón, aparecía como dormida, aunque realmente solo deseaba por este medio quedar á solas con su pensamiento sin ser interrumpida por nadie.

Pero como el ruido continuaba cada vez más alarmante, alzó la cabeza y dijo á.Camila:

—Abre la ventana y mira lo que sucede por fuera, pues parecen oirse voces y agitación.

Hízolo así la doncella y, volviendo la cabeza, contestó al poco rato:

—Está la noche tan oscura que nada se distingue; pero algo debe suceder según la gente se apresura y el tumulto que se oye á lo lejos.

—Pues que te acompañe un escudero y ve á enterarte de suceso, que Dios quiera no sea desgraciado.

Tardó bastante Camila en regresar asustada, pálida y con señales ciertas de haberse enjugado las lágrimas, hasta el punto de sorprender á su señora y comunicarle su turbación.

—Habla pronto, —la dijo—, no me tengas en cruel incertidumbre. ¿Qué le ha sucedido a Boil?

—¡Ay, señora, por la Virgen de los Desamparados, que no sea yo quien os dé la fatal noticia: ahí viene Jaime, él podrá esplicarlo mejor.

—¡Oh, ten piedad de mi! —esclamaba la dama cruzando las manos— ¿no conoces que me estás matando con tu detención en hablar? Tengo valor para saberlo todo. Dime, dímelo sin tardanza, si no quieres volverme loca.

—Al señor gobernador…

—¡Acaba!

—Se le ha encontrado muerto a puñaladas cerca de la calle del Trinquete de Caballeros.

—¿Estás segura de haberlo visto?

—Recibí sus miradas postreras y el encargo de trasmitiros su despedida última.

Cayó doña Teresa trastornada al adquirir la certidumbre de su desgracia, y después de vuelta en sí, merced á los cuidados que la prodigaron todas las gentes de su casa, ni quiso recogerse en el lecho, ni tomar alimento de ninguna clase, hasta que llegada la mañana dispuso vestirse de tosca jerga y velada con luengas tocas de viuda solicitar de la justicia del rey el desagravio de su pena. Como la noticia había cundido por la ciudad y todos lamentaban la suerte del respetable funcionario digno del aprecio general, agolpábase la multitud al paso de doña Teresa, y siguiéndola en respetuoso silencio, atravesaron con ella el puente hasta detenerse á los umbrales de la mansión real, por los cuales penetró la dolorida señora para ser admitida en la presencia de don Martin, quien procurando consolarla tomando parte en su dolor animó su desfallecimiento con palabras de consuelo, tan poderosas cuando salen de boca de un soberano.

Entonces entre razones envueltas en acongojados suspiros formuló la noble dama su querella contra Pertusa, fundada en la enemistad notoria que profesó siempre este magnate á la desgraciada víctima y las amenazas y persecuciones anteriores de que salió tan mal parado.

Aunque sin pruebas de ninguna especie se había don Martin anticipado á los deseos de la querellante, ordenando la prisión de mosen Juan, guiado solo por su buen sentido y acorde con la voz pública que le acusaba de aquel asesinato.

Instruida la causa con la celeridad necesaria, compareció el presunto reo á formular sus descargos ante el Justicia criminal, en cuya presencia hizo constar sin contradicción alguna que había pasado la hora en que se cometió el delito jugando en compañía de varios amigos, personas todas de fama sin tacha y de verdad acreditada; de consiguiente fue declarado libre y absuelto.

Sin embargo de tan evidente prueba, no se conformó con ella el rey cuando se la remitieron para sancionarla, y desestimando la oposición del Justiciazgo estendió y firmó la sentencia de muerte por su propia autoridad.

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Admira seguramente un acto tan arbitrario llevado á cabo por el monarca de pueblos celosos hasta el fanatismo de sus libertades cuales fueron siempre los de la corona de Aragón, y solo puede esplicarse teniendo en cuenta la ciega confianza de don Martin en el amor de sus vasallos y la prepotente fuerza adquirida por la corona desde que Pedro IV el Ceremonioso rasgando el privilegio de la Unión, ya destrozada en la batalla de Épila, abatió para mucho tiempo todo conato de resistencia.

Pero como notificado el fallo á Pertusa insistiese constante en su primer declaración, negando el hecho y protestando su inculpabilidad, empezó á calificarse de tiranía el proceder real, y con grave detrimento del respeto debido á príncipe tan sabio y humano murmuraban especialmente los hombres de algún valer por su juicio, nacimiento ó santidad de costumbres, contra un desafuero indigno de usarse entre cristianos y mucho menos en tierra tan distinguida.

No ignoraba el inflexible monarca las hablillas de que era objeto su conducta, mas determinado á no cejar en ella veremos los medios que llevó a cabo para convertirla en alabanzas.

DIONISIO CHAULIÉ.

Dionisio Chaulié y Ruiz (Madrid, 1814 -5 de agosto de 1887) fue un periodista, tipógrafo y escritor español.

Dirigió la Imprenta del editor Francisco de Paula Mellado o de la Sociedad Española de Crédito Comercial.

Fundó El Tipógrafo (1862-1863) y fue redactor jefe de El Tiempo y director de El Globo Ilustrado (1866-1867).

Colaboró en El Museo de las Familias, Occidente de Asturias, Flor de la Infancia, La América y Revista Contemporánea, para la cual escribió una serie de cuadros de costumbres que reunió luego en el libro Cosas de Madrid: apuntes sociales de la Villa y Corte (Madrid: M. G. Hernández, 1884; segunda edición Madrid: M. M. de Santa Ana, 1886, tres vols. con los títulos Memorias íntimas, Informes de un testigo y Aventuras de dos prisioneros de guerra), reimpreso varias veces modernamente.

Transcripción  Jesús Moya Casado

Associació Templers de Burjassot©

(Continua)

LA CALLE DELS SANTETS. Crónica valenciana (I)  https://templersdeburjassot.wordpress.com/2017/02/28/la-calle-dels-santets-cronica-valenciana-i/

LA CALLE DELS SANTETS. Crónica valenciana (III)  https://templersdeburjassot.wordpress.com/2017/03/02/la-calle-dels-santets-cronica-valenciana-iii/

LA CALLE DELS SANTETS. Crónica valenciana (IV)  https://templersdeburjassot.wordpress.com/2017/03/03/la-calle-dels-santets-cronica-valenciana-iv-final/

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