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La pasada noche lancé una pregunta curiosa y quizás un poco irrelevante, pero seguro que es un tema de mucho trabajo.

Al intentar demostrar que en el medievo ya existía la propaganda política, puede  resultar  un poco extraño;  nada más lejos de la realidad. Si el Reino de Valencia fue conquistado por éste personaje tan querido en nuestra historia y del que tantos relatos hemos leído, quizás fue gracias a su gran amigo y colaborador valenciano. Un erudito  jurista y a la vez poeta,  al que los cronistas cristianos y musulmanes describen como uno de los hombres más inteligentes y sabios de su época.

Su talento y espíritu tolerante le llevaron a ganarse la confianza del Campeador y a conseguir que tratase con justicia y generosidad al pueblo valenciano,  a cambio, puso a su servicio la mucha experiencia y  sus  vastos conocimientos.

Él,  le ayudó a gobernar la capital del Turia, le creó una corte literaria que le diera prestigio, en la que se leían las gestas de los paladines árabes, y compuso en su honor una epopeya que, recitada ante sus nuevos súbditos en árabe vulgar y romance, le permitiera obtener el perdón, por los sufrimientos infringidos  a lo largo del cerco, y hacer que se sintieran orgullosos de tenerlo por “Señor” o “Cid”.

Un curioso artículo en el que se defiende que “el Cantar del Mío Cid”, se escribió en Valencia, por un valenciano, Abú l-Walid al-Waqqasi (Toledo, 1017 – Denia o Valencia, 23 de junio de 1096), gran amigo de Don Rodrigo Díaz de Vivar y cuyo “Cantar” se escribió en árabe y en “Romance”, hasta que Per(o)  Ab(b)at  lo copió en 1207 de la forma que hoy conocemos.

 Juan Miguel Agulló Cortina.

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Fuente: Fracción de dinar de Al-Mamún, rey de la Taifa de Toledo y Valencia. ca. 1060

Según Oliver, Abu l-Walid al Waqqashi, supuesto autor del Cantar del Mío Cid, aparece en las crónicas árabes y cristianas como ejemplo de tolerancia y con gran capacidad de relación social. Precisamente, fue esta actitud la que le llevó de Huecas (Toledo), de donde era natural, a Valencia, ciudad a la que huyó de la corte de Al-Qasim al-Mamun. Cuando el Cid tomó Valencia, Abu fue quien subió a la torre y anunció al pueblo el porvenir que les aguardaba. Además, fue el encargado de negociar la rendición de Valencia, momento en el que hizo un pacto con el Cid, por el cual el poeta le ayudaría a impartir justicia, le crearía una corte literaria y le compondría “el Cantar” para que fuera apreciado por sus súbditos. A cambio, el Cid se comprometería a respetar las leyes musulmanas, las mezquitas y las creencias de este pueblo.

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                                         Firma de Rodrigo Diaz de Vivar.                                                       Documento: Donación de Rodrigo a la catedral de Valencia y a su obispo don Jerónimo. 1098. Archivo de la catedral de Salamanca (caj. 43, leg. 2, n° 72). Pergamino, 543 x 412 mm. Original. Suscripción autógrafa de Rodrigo. Fotografía: Archivo de la catedral de Salamanca.

Entre los argumentos más llamativos de su tesis destacan las referencias a la primera parte del Cantar, donde el Cid se comporta como un verdadero “jefe de tribu” que ama a los “moros” y estos a él. También hace la doctora un análisis de la segunda parte del poema, en la que el Cid se comporta como un “rey de taifas” por el amor y respeto que profesa hacia su mujer, doña Jimena, y por el detalle de no participarla en el concierto de las bodas de sus dos hijas.

Un tercer razonamiento que esgrime Oliver para atribuir la autoría al autor árabe propuesto es que el arte de la guerra descrito en el poema, donde aparece una técnica ecuestre de lucha, solamente era utilizado con éxito por los almorávides, definido en el cantar como una “arrancada”. La clave de las batallas que se relatan en el Cantar la encontramos en las fuentes árabes al pasar revista a los ardides de guerra de los conjuntos tribales. Ellos, al igual que el Cid, conciben las lides como estratagemas y gustan dividirse en dos grupos; tejen sus argucias a partir de maniobras bélicas conocidas, que combinan de forma distinta en cada enfrentamiento, para poder así, por un lado, sorprender a su enemigo, por otro, mostrar la inteligencia del clan que las ha proyectado; persiguen con sus campañas un doble objetivo: el económico de hacer botín para conseguir los medios de subsistencia y aumentar su poder, y el de infringir al adversario la humillación de la derrota y alcanzar para sí mismos la satisfacción moral de sentirse superiores.

Associació Cultural Templers de Burjassot©

 

Bibliografía:

Pérez, D. O. (2008). El cantar de Mío Cid: génesis y autoría árabe. Fundación Ibn Tubayl. Almería.

Piles Ibárs,  Andrés.  (1901), Valencia Árabe.

ABU L-WALID AL WAQQASHI, ¿AUTOR DEL POEMA DE MIO CID? Temas para la Educación, Revista para profesionales de la enseñanza, nº 5, Noviembre 2009.

Universidad de Alicante. Nota de prensa  30 de marzo 2009.

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