Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El marqués de la Ensenada (1707-1781), Secretario del Despacho de Guerra durante el reinado de Fernando VI, intentó de crear regimientos de milicias provinciales en el reino de Valencia en 1754, ordenándose el 9 de abril al brigadier Francisco Antonio Tineo, Inspector General de las Milicias, la organización y al capitán general de Valencia, duque de Caylús, la realización del censo del vecindario para distribuir los regimientos. El cese del marqués de la Ensenada el 20 de julio explica el abandono de la creación de estas tropas de las que no vuelve a hablarse hasta transcurridos cuarenta años.

A finales del siglo XVIII, concretamente entre 1793 y 1801 (motines en  1793, 1794 y 1801), la ciudad de Valencia fue el escenario de graves conflictos sociales. Éstos fueron consecuencia del impacto de la Revolución francesa, especialmente las guerras exteriores que estallaron a consecuencia de ella. Pero también estuvieron influidas por la crisis económica de fin de siglo. El deterioro de la situación económica fue en parte consecuencia de estas guerras, en especial por las dificultades que plantearon al comercio marítimo, sobre todo con las colonias americanas y especialmente México, principal mercado de los tejidos de seda valencianos. Sin embargo en otros aspectos la crisis se arrastraba desde antes de 1789, año inicial de la Revolución francesa. La sedería valenciana venía padeciendo dificultades desde los años setenta y ochenta del siglo XVIII, pero las guerras de la Revolución agravaron mucho esta situación de crisis económica.

Con motivo de la guerra contra la Convención francesa (la república francesa había guillotinado al rey Luis XVI), una Real Cédula de 4 de febrero ordenaba el reclutamiento de milicias voluntarias para la inminente guerra contra Francia. Los gremios valencianos comenzaron el alistamiento y durante la tarde del 27 de febrero los mozos reclutados, todavía sin uniforme, desfilaron por el barrio del Mercado, especialmente por la calle de los Derechos, lanzando gritos de “Viva el Rey y muera la Asamblea“ , donde estaban establecidos comerciantes franceses, apedreando sus casas y destrozando establecimientos comerciales, así como a la “Compañía de Filipinas”, responsable de la introducción en Méjico de tejidos chinos y japoneses que competían con los valencianos. El día 17 de marzo había tomado posesión de su cargo el nuevo capitán general, Vicente María de Vera de Aragón, duque de la Roca. El 29 de marzo se repitieron con más virulencia los alborotos al ver que los franceses permanecían en la ciudad y se produjeron incendios, colaborando entre los revoltosos los labradores de la huerta. Los 326 ciudadanos franceses fueron trasladados a la Ciudadela, aunque la tranquilidad no se restableció cuando se ordenó la expulsión de todos los franceses del país. Los caballeros de la Maestranza, los alcaldes de barrio, los gremios y la poca milicia que había en la ciudad consiguieron controlar la situación y acabar con los alborotadores, calificados por las autoridades de “la gente mas soez y despreciable” y de los 39 amotinados enjuiciados, 27 eran de la ciudad de Valencia y 12 de los pueblos circundantes; 21 trabajaban en oficios menestrales, 6 eran labradores y 3 jornaleros, aunque no se excluye la presencia de elementos incontrolados, abundantes en aquellos años de penuria, movidos por oportunidades de saqueo y latrocinio.

También hubo revueltas antifrancesas, aunque menos violentas, en Gandía, Algemesí, Alzira y Xátiva.

El nacimiento de los Voluntarios Honrados

Las milicias gremiales formadas el año 1793 no tuvieron mucho éxito y el año siguiente el duque de la Roca por Real Orden de 27 de mayo de 1794 instituyó un nuevo cuerpo militar llamado Voluntarios Honrados del Reino de Valencia, “Reglamento para la formación de un pie de exército de voluntarios honrados en el Reyno de Valencia”  para “auxiliar a nuestras provincias fronterizas, si fuesen atacadas con ventaja por los franceses”, su constitución fue casi un fracaso,  máxime cuanto que los soldados debían vestirse y armarse por su cuenta con un coste muy elevado. Quizás por esta razón, una Real Orden de 1798, cuando España estaba en guerra contra Inglaterra, mandó la formación de unas Milicias Provinciales. Éstas serían en principio voluntarias, pero las plazas vacantes se cubrirían por el sistema de quintas o sorteo (levas), tremendamente impopular. La recluta y organización de estas milicias fue encargada al intendente, en aquel momento también corregidor de la ciudad, Jorge Palacios de Urdániz, apodado por el pueblo Montereta, y no al capitán general, que lo era Luis de Urbina desde 1795.

El 16 de Junio de 1794 se publicó el correspondiente Reglamento que se compone de veintiséis artículos en su parte dispositiva y varias notas explicativas que corresponden al “reparto hecho en las Ciudades, Villas y Lugares de este Reyno” en la que se expresan, para cada una de las Gobernaciones, los pueblos que las componen con expresión de la distancia a Valencia, número de vecinos y el de los voluntarios con los que deberán contribuir. La última nota corresponde a la descripción de los uniformes de los distintos batallones de infantería y compañías de caballería.

En la misma fechas se publicó  “La Instrucción para los Voluntarios Honrados de la Ciudad y Reyno de Valencia”  que constaba de siete Títulos:

Título I: Manejo de Armas y Suplemento.

Título II: Explicacion de los varios modos de desplegar una coluna en batalla.

Título III: Instruccion para la Marcha de frente, obliqua, y circular.

Título IV: Suplemento de preguntas y respuestas.

Título V: Explicacion de los casos en que deben usarse los Toques de Ordenanza.Título VI: Advertencias y prevenciones generales para los fuegos, y otros casos.

Título VII: Honores Militares.

“El Manifiesto que presenta la ciudad de Valencia del servicio hecho a S.M. durante la guerra con la Francia por si y demas pueblos de sus gobernaciones, publicado en Valencia en 1794”,  nos describe la composición del que llama “Exército del Estado de Voluntarios Honrados”, que comenzó con 26 batallones de Infantería de línea, 2 de tropas ligeras, 23 compañías sueltas de Caballería y un cuerpo de artilleros de 2.600 plazas, 28.000 de infantería y 1.380 de caballería, totalizando 29.380 hombres de tropa, llegando a tener alistados a 54.000 cuando lo “obligaron los progresos de los Franceses en Cataluña” y consta de 26 artículos.

Artículo II: Las ciudades o Villas Cabezas de Partidos darán nombre al batallón o batallones  que en dichos partidos se establezcan y serán Valencia, Muviedro, Alcira, Alcoy, Alicante, Castellón de la Plana, Denia, Morella,  Orihuela, Peñiscola, San Felipe y Xixona. (levas correspondientes a cada municipio agrupados por gobernaciones).

http://bivaldi.gva.es/es/consulta/resultados_ocr.cmd?tipo=elem&buscar_cabecera=Buscar&id=131338&tipoResultados=BIB&posicion=45&forma=ficha

Comprobamos que las Gobernaciones de Montesa y Cofrentes no dieron suficientes alistados para formar unidades con su propio nombre y, por el contrario, Muviedro sí logró tenerlas.

Artículo V: Cada Batallón tendrá dos banderas… La primera bandera del primer Batallón, donde haya más de uno, será blanca con el escudo real en ambas caras y en las cuatro esquinas llevarán bordadas las imágenes de los santos de particular veneración y debajo de ellos los escudos de armas de la ciudad que da nombre a los batallones. El resto de banderas, también blancas, tendrán la cruz de Borgoña y en su centro, sobrepuesta, la imagen del Santo Patrono (en los Batallones de Valencia la imagen de la Virgen de los Desamparados) y en los extremos del aspa los mismos santos y escudos que en la coronela. En el claro superior del  aspa una Cruz roja con este mote en letras mayúsculas: “Viva la Fe, y por ella muramos” y en el claro inferior “Gobernación de Valencia”, “Murviedro. Tercio Saguntino”…

Estas banderas fueron usadas con posterioridad por unidades de voluntarios durante la Guerra de Independencia.

1794_ejercito_de_estado_bandera-2

Biblioteca Central Militar (I.H.C.M.), SM-1794-7 Fuente

reconstruccion-de-bandera-coronela-y-de-batallon

Reconstrucción de la bandera Coronela y de Batallón. Fuente

Artículo X: El Vestuario o Uniforme…podrá constar de fusil y bayoneta de Ordenanza, escopeta o carabina, una canana para veinte y un cartucho, y un porta espada o cinturón…el voluntario que se armase en estos términos, se le permitirá en continuo uso del Uniforme, hecho a su costa.

Artículo XI: los Voluntarios que por falta de medios no pudieran costearse el Uniforme, se les proveerá de él, pero de paños de Ordenanza, y según lo permita el fondo publico, y estos vestuarios se custodiaran en casa de Oficial ó Sargento…

El grabado de los Voluntarios Honrados

Sobre el grabado localizado en el Archivo de Historia de la Ciudad de Barcelona, debemos recordar en primer lugar que ya fue publicado por AMADES, JOAN (1936), Imatgeria Popular Catalana. Els soldats i altres papers de rengles, Barcelona, p. 24. Grabado en cobre e iluminado a mano.

No se trata de una hoja de reclutamiento de las que en aquella época se publicaban para captar la atención de los posibles voluntarios, tampoco una lámina de propaganda, sino, más bien, un Estado Militar de los que existen otros muchos ejemplos. Con ellos se pretendía mostrar al monarca de turno, como si de un desfile se tratase, las características de la uniformidad de las unidades militares, pues, sólo en contadas ocasiones, tenía ocasión de conocer a sus tropas.

En el grabado observamos un pedestal, sobre el que se hallan las Armas de España y del Reino de Valencia (cinco barras rojas) superadas de una corona de laurel, en el que se encuentra la leyenda: Exercito del Estado de Voluntarios Honrados del Reyno de Valencia. Con Arreglo a Real orden de 27 de Mayo de este Año de 1794.

Los Voluntarios Honrados no llegaron a recibir la instrucción necesaria para marchar al frente, ya que el final de la guerra se echó encima y, además, no resultaron tal como había imaginado el duque de la Roca, pues aunque al principio estuvieron imbuidos de patriotismo, altruismo y moralidad, poco a poco se convirtieron en fuente de inquietudes y desavenencias. La elección de los oficiales se verificó, respetando escrupulosamente los privilegios existentes, por el siguiente orden: “Títulos, Barones, Caballeros, Nobles, Ciudadanos, Comerciantes al por mayor, Abogados y Labradores de nota y respeto que no hubieran obtenido beneficios mecánicos”. Al inicio de 1795 ya se detectaron los primeros problemas, sobre todo cuando los Voluntarios fueron requeridos para hacerse cargo de la adquisición de sus uniformes y comenzaron a prestar servicios de guardia de prevención lejos de sus domicilios, apareciendo masivamente casos de insubordinación pasiva.

Al finalizar la guerra, el capitán general Luis de Urbina pensó que, antes de proceder a su licenciamiento, podrían ser la base para la formación de las Milicias Provinciales, ya que había recibido el mandato del Secretario de Guerra, Miguel de Azanza, de proceder a su organización. El 1 de junio de 1796 traslada la orden al Cabildo Municipal de Valencia y al día siguiente publica un Bando alentando a los Voluntarios Honrados a incorporarse a las Milicias. El Cabildo elevó sus quejas al rey alegando que el reino ya mantenía un “Cuerpo de Milicias Urbanas, que no se han extinguido, con destino al resguardo y seguridad y defensa de la Costa”, consiguiendo su efecto, ya que una Real Orden de 19 de agosto que iba a trasladarse al capitán general, disponiendo la extinción de los Voluntarios Honrados y el establecimiento de las Milicias Provinciales, quedó suspendida por acuerdo del Príncipe de la Paz.

A este nuevo intento, segundo de los abortados en la fase de gestación, siguió dos años después el que pretendió ser el definitivo, pero la reacción popular fue tan violenta, que el Gobierno se vio obligado a dar marcha atrás, como vamos a ver.

El 24 de octubre de 1798, una Real Orden dispone la formación de seis Regimientos de Milicias Provinciales en el reino de Valencia, con las mismas plantillas y organización que los cuarenta y dos ya existentes, el entonces capitán general de Valencia, Antonio Cornel, se vio precisado a publicar sucesivamente una “Real Resolución en virtud de la cual, los oficiales que ya lo fueron del Cuerpo reformado de Voluntarios Honrados no deben pretender fueros y distinción” y otra “Real Provisión, conservando el fuero a los individuos del Cuerpo de Voluntarios”.

Disolución

El 3 de septiembre de 1801 Carlos IV firmó un Real Decreto por el que se extinguía “El Exército del Estado de  Voluntarios Honrados”, a petición de varias comisiones llegadas a la corte desde Valencia, especialmente la que presidió el conde de Cervelló, publicado en Valencia el 11 de septiembre de 1801 por el Gobernador y Capitán General interino del Exército y Reyno de Valencia, Juan Manuel de Cagigal, en los Idioma Valenciano y Castellano.

Es muy desconcertante comparar la resistencia que ofrecieron los valencianos hasta la guerra de la Independencia a formar parte de las unidades regulares del ejército con la docilidad con que lo hicieron desde el reinado de Fernando VII. En este sentido, más parece que fue a principios del siglo XIX cuando se perdieron los fueros que no un siglo antes.

Javier Martínez Santamaría (UNED)

Associació Cultural Templers de Burjassot©

Bibliografía:

Ardit Lucas, M. (2009). Los conflictos de finales del Antiguo Régimen.

“Bandolerismo y Orden Público en el Reino de Valencia en tiempos de Carlos IV (1788 – 1808)” Conferencia impartida por MANUEL SIMÓN MARTINEZ en el Salón de Actos de la Facultad de Historia de la Universidad de Valencia el 16 de octubre de 2.002, dentro de las Jornadas Culturales “Valencia a principios del siglo XIX”, organizadas por dicha Universidad y el Centro Regional de Historia y Cultura Militar de Valencia.

UN “ESTADO MILITAR” DEL EJERCITO DE VOLUNTARIOS HONRADOS DEL REINO DE VALENCIA http://www.aulamilitar.com/

Grégori – J.J. Torres, Madrid, mayo de 2010, http://losejercitosdelrey.es/

Guarner, M. S. (1999). La ciudad de Valencia: síntesis de historia y de geografía urbana.

Sorando Mouzas, Luis. (2001) “Banderas, estandartes y trofeos del Museo del Ejército. Catálogo razonado”.  Mº Defensa.

Anuncios