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Una Real Orden de primero de marzo de 1774 creaba el establecimiemto de una Compañia suelta de fusileros en el Reino de Valencia, dedicada al mantenimiento del orden público y la represión del bandidaje, al tiempo que la dotaba con un cuerpo normativo con el que regirse. Siete meses más tarde, el 1 de octubre de ese mismo año, la Compañia estaba organizada y operativa. La rapidez con que se procedió a su composición, reclutamiento, vestuario, armamento y distribución estratégica, contrasta con el lento proceso que llevó a su formación. Fue una década de proyectos y presiones por parte de las máximas autoridades gubernativas de Valencia hacia el gobierno de Carlos III, de solicitudes reiteradas a la Real Audiencia y de los Capitanes Generales. Y siempre con el referente justificativo de los Fusileros de Montaña, existentes en el Principado de Cataluña, las llamadas Escuadras de Valls (Mozos de Escuadra), la Compañia suelta del Reino de Aragón o la Compañia de Escopeteros Voluntarios de Andalucia, cuyos éxitos operativos avalaban la petición valenciana.

La idea de formar en Valencia una Compañia de Miñones o Fusileros de Montaña fue de D. Andrés Simón Pontero, a la sazón Regente de su Real Audiencia. El Monarca aprobó, por real resolución el 4 de marzo de 1765, el establecimiento de la Compañia de Fusileros.

Los sucesos de 1766 -motín de Esquilache y sus repercusiones peninsulares- motivaron un cambio en la Capitanía General de Valencia. El conde de Sayve, nuevo Capitan General, constato a su llegada los problemas de orden público reinantes, motivados por un bandidaje fuera de todo control, y además, una conyuntura alimenticia crítica.

En 1769, el conde de Sayve envia una misiva a la Real Audiencia en los siguientes términos:

“…superabunda de bandidos y mathones, que ni el sagrado de las casa perdonan y no puede traficarse sin ir el caminate con la muerte en la garganta…van aquadrillados los bandidos, la Justicia se ve ultrajada por estos malhechores y los alcaldes justamente amedrentados…”

(Sayve a Múzquiz. 8-IV-1769)

El detonante definitivo para la creación  y operatividad de la Compañia lo encuentramos en un escrito anónimo, que fue tenido en cuenta por la Secretaría de Guerra, fechado en Valencia el 30 de septiembre de 1773:

“La ciudad de Valencia y en particular todos los caminos de su Reino estan llenísimos de salteadores omicidas, robando a los caminantes el dinero y el vestido, forzando a las mugeres de todas las edades y saciando sus furores con las vidas de los que defienden sus haveres. 

Las quadrillas son infinitas; las diligencias ningunas; el peligro inevitable; el miedo general; el poder de V.E. grande; la piedad de S.M. mucha; el invierno temible; el remedio Miñones; la remuneración de Dios; el agradecimiento de los hombres; y la gloria de tal bien de V.E. que la goze”

(Anónimo. Valencia 30-IX-1773)

El 13 de febrero de 1774, el Secretario de Guerra, tenía el borrador de la orden en sus manos, que establecía la Compañia en Valencia. La orden y normativa se publico al fin, el primero de marzo de 1774, fecha de la autentica creación de la Compañia de Fusileros del Reino de Valencia. Sus ordenanzas constaban de 24 artículos, precedidos de un preámbulo en el que se definia el título dado a la fuerza y su finalidad: la seguridad pública.

La Compañia se dividia en 12 Escuadras, distribuidas estratégicamente por todo el territorio:

SEDE

EFECTIVOS

Valencia

12

Alcira

5

Buñol

5

Mogente

5

Gandía

7

Alicante

5

Orihuela

6

Monforte

5

Segorbe

6

Alpuente

5

Benasal

5

Alcalá de Chivert

5

Las bases para la formación de esta compañía incluían su composición, sus sueldos, uniforme, procedencia y arbitrios para su mantenimiento.

Constaba de un capitán-comandante, un teniente, un alférez, cuatro sargentos, ocho cabos y cincuenta y seis miñones que se dividían en doce escuadras.

Se especificaba que los oficiales serían propuestos por el capitán general y debían ser de buena reputación, hidalgos o labradores honrados y acomodados, que no hubieran ejercido oficios mecánicos y con familias sin tacha alguna. De los sargentos, tres debían ser pertenecientes a los regimientos destinados en el reino hasta ser destinados a la compañía.

Los soldados y cabos debían ser bien licenciados del ejército bien mozos naturales del reino sin tacha en su conducta; “podrían entrar en esta compañía las partidas sueltas de la Gobernación de Alcira, de la de Alicante y de la de Peñíscola”.

Se les asignó el siguiente vestuario que “será a la valenciana”:

Cabos y fusileros: “gambeto y calzon azul, chupa encarnada, botines de correal o becerrillo, alpargata á media pierna atada con cinta azul, sombrero con cucarda encarnada, redecilla y pañuelo de seda negra”.

Oficiales: “casaca y calzon azul, chupa y divisa encarnada con ojales de plata bordados á ambos lados, y en el collarin un cordoncillo tambien bordado, con dos ojales en cada lado de él, y en la vuelta encarnada una portezuela azul con tres botones pequeños”.

Sargentos: “de la misma hechura (que el de los oficiales) solo que los ojales son de pelo blanco y tienen además vestido corto para la montaña como el fusilero”.

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Fusilero y Capitán de la Compañía de Fusileros de Valencia en 1774

El armamento consistía en escopeta con bayoneta, un par de pistolas, frasco para la pólvora y una canana con su correspondiente charpa.

Y el 20 de septiembre del mismo año se redactó su reglamento que fue aprobado por el rey el 4 de noviembre del mismo año.

El preámbulo del reglamento establece claramente la finalidad de la compañía: “desviar todo motivo que pueda perturbar la quietud y seguridad pública, y al mismo tiempo lograr la prision de los reos, para con el castigo dar satisfaccion á la vindicta pública, conseguir el escarmiento, y cimentar mas y mas la tranquilidad de estos naturales”.

Era responsabilidad del Capitán que las Escuadras recorrieran todo el reino cada mes, coordinándose con los Alcaldes para informarse “de la gente de mal vivir y perniciosa á la república” y si para conseguir este propósito conviniese el uso de disfraces, los debía suministrar las Justicias previo recibo del Cabo, y con la obligación de devolverlos.

Era también obligación de la compañía atender los requerimientos de la Sala del Crimen así como auxiliar a las Justicias de los pueblos por donde pasaban para la aprehensión de malhechores o conducción de reos.

Si los reos aprehendidos no tuvieran dinero para su manutención era obligación del Cabo o Sargento a cargo de la Escuadra suministrarles doce cuartos diarios, que debían serle reintegrados por las Justicias.

Se indicaba que las Escuadras debían “recorrer de dia y de noche los hospitales de los pobres, tabernas, figones, mesone y panaderias, por ser estos los parages en que ordinariamente suelen recogerse los vagamundos, y donde acuden á comprar lo necesario para su menutencion, y encontrando alguno ó algunos, les asegurarán y prenderán”.

Deberán igualmente entrar disfrazados en los parages esplicados en el artículo que antecede, para esplorar y oir conversaciones, y á todos aquellos que faltando al debido respeto, hablasen mal del Rey nuestro Señor y de su Gobierno, les conducirán presos, tomando los nombres de los testigos que hayan presenciado tales atrevimientos, y darán cuenta á la Justicia del pueblo donde sucediere”.

También debían apresar a los desertores del ejército, dando cuenta a su Capitán que debía comunicarlo al Capitán General.

Si los delincuentes que fuesen a apresar se resistieran, echando mano a las armas, tenían autorizado hacerles fuego, “procurando en este importante punto, portarse con la mayor moderacion y prudencia, evitando en cuanto sea dable la efusion de sangre”.

La insubordinación se castigaba con diez años de trabajo en obras públicas en un presidio de África o diez años de arsenales, a criterio del Capitan General.

Cualquier miembro de la Compañía que comunicase las órdenes que tuviera para que pudieran escapar los delincuentes sería castigado si eran Oficiales con la privación del empleo y cuatro años de reclusión en un castillo y los Sargentos, Cabos y Soldados con diez años de presidio en África o arsenales.

Por su parte las Justicias no podían liberar a los reos entregados por las Escuadras “ni sentenciar sus causas y procesos con penas pecunarias y apercibimientos, sin consultar las sentencias con la Sala del Crimen, y teniendo su aprobacion, para evitar de esta suerte que se vuelvan inútiles las fatigas de dicha compañía”.

Si en el transcurso del traslado de reos debieran pernoctar en algún pueblo, deberá este encargarse de estos durante la noche, entregando un recibo al Cabo o Sargento, aunque debía nombrarse a uno o dos fusileros “que celen y vigilen” a los guardias que nombren las Justicias.

La deserción se castigaba con dos años de trabajos en obras públicas, pero si desertaba llevándose las armas o prendas de vestuario la pena se elevaba a cuatro años de arsenales y a pagar el importe de lo que se había llevado.

El 19 de enero de 1781 concedió el rey el fuero militar y en octubre del mismo año se ordenó que uno de los subalternos de la compañía tomase el “Santo” (la Compañia Valenciana careció de todo aquello que pudiera homogeneizarla al Ejército. Solo a partir de 1781 se le concedió fuero militar y sus oficiales el ostentar las distinciones correspondientes a su graduación, lo que permitia establecer “el Santo y Seña” a los mandos inferiores) como los Ayudantes de los cuerpos de guarnición.

Hemos representado al capitán de la compañía con botas de montar, pues suponemos que los oficiales, aunque no diga nada el reglamento, serían plazas montadas, dado que su función de control de las diversas escuadras repartidas a lo largo y ancho del reino así lo exigiría.

Por otra parte hemos dibujado el uniforme del fusilero, a la valenciana como indica el reglamento, con el saragüell, los calzones anchos del traje típico valenciano. Hemos incluido una prenda no contemplada en el reglamento: la faja. Una prenda que hacía más cómodo el llevar la canana y la charpa con las pistolas en la cintura. Tanto el color azul de la misma como su uso, son meramente especulativos.

 

Javier Matínez Santamaría (UNED)

Associació Cultural Templers de Burjassot©

 

Bibliografía:

Antecedentes, ordenanzas antiguas y reglamento vigente de las Escuadras de Fusileros de Valencia. Biblioteca Central Militar (I.H.C.M.). 1866-2

http://losejercitosdelrey.es/. Madrid, noviembre de 2016. E. Gregori – J.J. Torres

Ramos, J. M. P. (1998). Creación y establecimiento de la Compañía de Fusileros del Reino de Valencia. Estudis: Revista de historia moderna, (24), 339-354.

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